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La oferta del amor: teorías

junio 24, 2018 * Economía del amor Por: Verónica

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Hirschman y el extraño comportamiento de la oferta de amor

Para el pensador universalista Hirschman (1985), el amor comprende: moralidad, cumplimiento de normas, confianza y espíritu cívico. Insistió, en contra de la ortodoxia, que un orden social puede ser más seguro si está fundado en la benevolencia y en el amor. Argumentó que la oferta de amor no es fija y limitada, y, especialmente, que el amor no es un recurso sino una habilidad (similar a la del conocimiento o capital humano).

La virtud pública, y virtudes más elevadas como el amor y el altruismo, al menos en los especímenes humanos, están sujetas a la escasez. Hirschman mostró que tal tipo de comportamiento no se agota con el uso (como suele ocurrir con recursos físicos agotables) y tampoco se podría incrementar con su persistente utilización (como ocurre con las habilidades y el conocimiento mismo).

El amor y virtudes similares tienen un comportamiento complejo y compuesto: se suelen atrofiar cuando no son adecuadamente practicados y, por eso mismo, son propensos a desaparecer por la búsqueda de intereses de un mercado que se expande a todos los confines de la vida. No obstante, se pueden agotar cuando son practicados e invocados con exceso. En suma, según él, extremos viciosos como el capitalismo salvaje o la revolución cultural maoísta pueden marchitar el amor.

Elster o la oferta involuntaria de amor

Para Elster (1999), la pasión es, en parte, una motivación visceral, está fuera del control del individuo y/o del grupo e impulsa directamente a la acción. Las pasiones incluyen emociones (unas más crudas como el miedo y la rabia, otras con referentes cognitivos negativos como el resentimiento, el odio y la venganza, y positivos como el amor). Dentro de lo pasional también caben el hambre, la sed, el deseo sexual, los estados de dolor, los estados de intoxicación por consumo de drogas, el ansia misma por las drogas y la locura.

Elster ha sugerido que los seres humanos estamos motivados por razón, pasión e interés, e insiste en ubicar al amor dentro de las emociones. Las emociones, a diferencia de los factores puramente viscerales (dolor, placeres corporales, sed y hambre) tienen antecedentes cognitivos. Puede, por consiguiente, existir amor irracional cuando se persiste en amar a alguien o algo en abierta contradicción con nuestras creencias (conocimientos que indicarían que no vale la pena amar más).

Resalta que a veces el amor se origina en meras percepciones y no en creencias distantes de los errores. Añade que el amor en forma de ágape no obedece a algún antecedente cognitivo.

Tal autor insiste en ubicar al amor dentro de lo pasional, pues, como ocurre con otras emociones, el amor distorsiona los conocimientos y perturba cualquier cálculo frío y racional de costes y beneficios. Advierte que la química del amor es similar a la que causan las anfetaminas. Por ejemplo, el enamorarse genera alguna agudización de la conciencia, importantes incrementos de la energía, disminución del sueño y del hambre, y sensaciones de euforia. Y la química del amor suele durar semanas, meses y aun años.

El amor marital dista de una metalizada escogencia racional (escoger una pareja con ingreso igual o mayor al que uno devenga), implica preocupación por el destino de los seres queridos (cónyuge e hijos), pero no suele desembocar en una demencial e irreflexiva entrega total a quien se ama. Pero Elster no duda en agregar que las satisfacciones emotivas que a corto y largo plazo proporciona el amor son tan fundamentales que otras consideraciones materiales y racionales devienen asuntos secundarios.

La oferta condicional o interesada de amor

Adam Smith (1976) mostró que la simpatía es una capacidad inherente a los seres humanos, les permite instantáneamente identificarse con otros, aún corriendo el riego de descuidar el interés propio. Gracias a la imaginación nos podemos comparar con otros seres humanos y, por tanto, podemos ponernos en su lugar y sentir algo parecido a lo que pueden estar sintiendo (la llamada empatía). Este es el primer paso en la formación de juicios morales y en la socialización de los individuos. Pero el interés de la sociedad es muy vago y abstracto, por lo que los individuos simpatizan con otros individuos o con grupos pequeños próximos, pero no con toda la sociedad y esto se aplica también al amor.

Varios investigadores, economistas y sociólogos indagaron acerca de la cooperación motivada por sentimientos morales. Basado en evidencia experimental, y algún trabajo de campo, se muestra claramente que los individuos tienen preferencias sociales diversas. Afirman que los individuos sienten simpatía o antipatía por sus semejantes y, por tanto, sus escogencias económicas y no económicas presentan diversidad de matices, que se podrían ubicar entre los extremos de la malevolencia y la benevolencia. Mientras individuos con preferencias malévolas gozan con el malestar de sus semejantes, los sujetos con preferencias benévolas experimentan bienestar si su prójimo está bien. Entre los extremos podría concebirse un centro análogo a la neutralidad o indiferencia social: allí se ubicarían los individuos pendientes de su propio y estrecho autointerés. 

La oferta incondicional de amor, compromiso y altruismo

El profesor Sen (1977) hizo énfasis en que la simpatía consiste en una preocupación por otros, lo cual afecta directamente nuestro propio bienestar: por ejemplo, afirma que el saber que otros están siendo torturados enferma a quien experimenta simpatía. Y no duda en precisar que la simpatía puede ser una conducta egoísta, pues nuestro bienestar depende del bienestar de otros, y puede ser entendida como una externalidad.

Sen prefirió optar por el compromiso: la acción de ayudar o de confraternizarse, no la mera sensiblería. Aclara que existe compromiso cuando la persona actúa para poner freno a una injusticia. Tal conducta es no egoísta (implica un sacrificio, una actuación en contra del propio bienestar) y, en particular, es una metapreferencia ética. Sin embargo –insiste Sen– los compromisos no son universales, más bien están fragmentados en grupos como: familia, comunidad, gremio, empresa, partido, clase, país, etc.

Justamente, al estudiar la cooperación o solidaridad en causas colectivas o públicas, autores como Elster han mostrado la importancia de los individuos altruistas. Para este filósofo el mandamiento cristiano de amar al prójimo como a uno mismo es básicamente equivalente al imperativo (deber incondicional) de Kant: no tratar a las otras personas como medios para nuestros fines, tratarlos como quisiéramos que nos trataran a nosotros mismos.

Ejemplos, además, como el dado por Cristo son las entregas incondicionales de madres, redentores y héroes que lo dan todo, hasta la vida, para comenzar un proceso de acción colectiva. Y recoge el planteamiento del economista Schelling (1978), quien mostró que los procesos de cooperación (acción colectiva) comienzan gracias a unos cooperadores incondicionales: especies de santos o locos cuyas Economía política del amor Freddy Cante 55 estrategias dominantes son las de cooperar o ayudar al prójimo (aunque no sean correspondidos).

Otros estudiosos de la acción estratégica, como Dixit y Nalebuff (1991), han corroborado tal afirmación. Insisten en que sin deberes incondicionales o mandatos morales serían imposibles y más inestables muchos procesos de acción colectiva que, por lo mismo, no podrían comenzar o mantenerse por la racionalidad o por meras preferencias recíprocas. Y, justamente, contrastaron dos famosos pasajes de la Biblia: la fragilidad del Tit-For-Tat de Axelrod, e incluso de las preferencias sociales (parcialmente interesadas), equivale a lo plasmado en el Éxodo (21:22); allí se nos dice “[. . . ] ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, quemadura por quemadura, herida por herida, moretón por moretón”. Pero la fuerza de la cooperación unilateral e incondicional basada en deberes no negociables o imperativos se muestra en El nuevo testamento, en el pasaje de Mateo (5:38): “Habéis oído que se ha dicho, ’ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo, no os opongáis a una mala persona. Si alguien os golpea en la mejilla derecha, ofrecedle también la otra”.

Autor: Freddy Canté, Doctor en Ciencias Económicas. Profesor asociado de la Facultad de Ciencia Política y de Gobierno de la Universidad del Rosario.

Referencias (por orden alfabético):

– Dixit, A. y Nalebuff, B. (1991). Thinking Strategically, the Competitive Edge in Bussiness, Politics and everyday Life. Cambridge, Mass: M.I.T. Press

– Elster, J. (1999) The Alchemies of the Mind. Cambridge, Mass: Cambridge University Press.

– Hirschman, A. O. (1985). Against Parsimony: Three easy Ways of complicating some categories of economic discourse.

– Schelling, T. (1978). Micromotives and Macrobehavior. New York: W.W. Norton and Company.

– Sen, A. (1977). Rational Fools: A Critique of the Behavioural Foundations of Economic Theory. Philosophy and Public Affairs.

– Smith, A. (1976) 1759 The Theory of Moral Sentiments. Oxford University Press.

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Publicado por Verónica

Verónica

Fundadora y CEO de Alcanda Matchmaking. Nacida gata, no tardó mucho en dejar su Madrid natal para explorar el mundo, viajando y trabajando durante más de 25 años en cuatro continentes. Viajera incansable, descubridora de mil mundos y reveladora de deseos. Romántica empedernida. Enamorada. Luchadora infatigable, empeñada en ayudar a los demás a encontrar el amor a través de su empresa.

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