Head-hunting sentimental: cuando encontrar pareja requiere una búsqueda profesional

Encontrar pareja nunca había parecido tan fácil. Tenemos aplicaciones, redes sociales, eventos, viajes y un universo prácticamente ilimitado de personas a nuestro alcance. Sin embargo, para muchas personas, encontrar una pareja estable, compatible y con un proyecto de vida común sigue siendo extraordinariamente difícil.
La paradoja es evidente: tenemos más posibilidades de conocer gente que nunca, pero no necesariamente más posibilidades de conocer a la persona adecuada.
Después de más de una década dedicada profesionalmente al matchmaking, hay algo que vemos constantemente en Alcanda Matchmaking: quienes llegan hasta nosotros no suelen tener dificultades para conocer personas. El problema es otro. No encuentran a la persona con la que realmente quieren construir una relación.
Hemos trabajado, por ejemplo, con profesionales de enorme éxito, con una intensa vida social y acostumbrados a relacionarse con muchas personas. Desde fuera podría parecer que tienen todas las oportunidades del mundo para encontrar pareja. Sin embargo, cuando analizamos su realidad, descubrimos que su círculo habitual les conduce una y otra vez hacia perfiles similares, relaciones que parten de expectativas diferentes o personas que simplemente no se encuentran en el mismo momento vital.
En estos casos, conocer más gente no soluciona necesariamente el problema.
Hay que buscar de otra manera.
Ahí comienza el Head-hunting Sentimental©.
Del Executive Search a la búsqueda de pareja
Cuando fundé Alcanda Matchmaking en 2013, llevaba muchos años trabajando en el mundo empresarial y conocía bien los procesos de selección de personas.
En el ámbito profesional aceptamos con absoluta naturalidad que, cuando una empresa necesita encontrar a un determinado directivo, no siempre espera a que el candidato adecuado llame a su puerta. Define primero qué necesita y, después, sale a buscarlo.
Los profesionales del Executive Search identifican perfiles, investigan el mercado, localizan candidatos, los entrevistan, evalúan su adecuación y finalmente presentan aquellos que consideran que pueden encajar con el proyecto.
Entonces me hice una pregunta muy sencilla:
¿Por qué dejamos completamente al azar una de las decisiones más importantes de nuestra vida?
Evidentemente, elegir pareja no es seleccionar a un directivo. Las personas no somos currículos y el amor no puede reducirse a una lista de requisitos.
Pero sí existe un principio común: cuando buscamos algo muy concreto y difícil de encontrar, una búsqueda dirigida puede resultar más eficaz que esperar a que aparezca por casualidad.
De esa reflexión nació nuestro método de Head-hunting Sentimental©, que adapta determinadas técnicas del Executive Search a la búsqueda profesional de pareja e incorpora, además, una dimensión esencial que ninguna metodología puede automatizar: el conocimiento profundo de las personas.
Buscar pareja no es lo mismo que esperar a encontrarla
Esta es probablemente una de las mayores diferencias entre una búsqueda profesional de pareja y otras formas de conocer personas.
Una aplicación nos muestra quién está disponible dentro de esa aplicación.
Nuestro círculo social nos permite conocer a las personas que, por distintas circunstancias, entran en él.
Las redes sociales amplían enormemente ese universo, pero tampoco fueron concebidas para determinar quién está realmente disponible emocionalmente, quién desea construir una relación estable o quién comparte un proyecto de vida compatible con el nuestro.
El matchmaking profesional parte de otra lógica.
No consiste únicamente en acceder a una base de datos de personas solteras y buscar coincidencias entre ellas. Consiste en definir primero a quién estamos buscando y por qué y, a partir de ahí, diseñar una estrategia para localizar a esa persona.
En Alcanda hemos tenido búsquedas en las que el perfil que necesitábamos estaba ya dentro de nuestro Network y otras en las que hemos tenido que salir expresamente a localizarlo.
Esta segunda situación explica especialmente bien qué significa hacer head-hunting.
Si, por ejemplo, estamos trabajando para un cliente cuyo proyecto de vida exige que su futura pareja quiera tener hijos, tenga una determinada franja de edad y además posea un perfil cultural, profesional y vital compatible con él, no tendría sentido presentarle a alguien simplemente porque nos parece encantadora y está disponible.
Puede ser una persona magnífica. Pero no es la persona que estamos buscando para ese cliente.
Nuestro trabajo consiste entonces en ampliar la búsqueda, activar contactos, investigar nuevos entornos y entrevistar potenciales candidatas hasta localizar perfiles que realmente respondan al objetivo definido.
Por eso, en Alcanda Matchmaking diferenciamos entre tener candidatos y buscar candidatos.
La diferencia parece pequeña. En realidad, cambia completamente el proceso.
Antes de buscar a alguien, hay que conocer muy bien a quien busca
Uno de los errores más habituales al buscar pareja es empezar por fuera antes de haber mirado hacia dentro.
¿Qué tipo de persona quiero conocer?
¿Qué necesito realmente en una relación?
¿Qué aspectos son imprescindibles para mí?
¿Cuáles son simplemente preferencias?
¿Qué aprendí de mis relaciones anteriores?
¿En qué momento vital me encuentro?
¿Estoy verdaderamente preparado para construir una nueva relación?
Por eso nuestro trabajo no comienza buscando candidatos.
Comienza conociendo al cliente.
Su personalidad, su historia sentimental, sus valores, su estilo de vida, sus circunstancias familiares, sus intereses, sus expectativas y, sobre todo, el proyecto de vida que desea construir.
A partir de ese conocimiento definimos conjuntamente su Perfil de Búsqueda Objetivo.
Y aquí nuestra experiencia nos ha enseñado algo interesante: lo que una persona nos dice inicialmente que busca no siempre coincide exactamente con lo que descubrimos que necesita después de conocerla en profundidad.
Nos ha ocurrido que un cliente llegue con una larga relación de características físicas, profesionales o sociales que considera imprescindibles y que, durante el proceso de análisis, descubramos juntos que algunas son verdaderamente importantes y otras son simplemente preferencias.
También sucede lo contrario.
Un criterio que inicialmente parecía secundario puede convertirse en esencial cuando comprendemos su historia sentimental o su proyecto de vida.
Por ejemplo, querer o no querer tener hijos no es una preferencia negociable cuando dos personas están pensando en construir una vida juntas. Tampoco lo son necesariamente determinados valores, el lugar en el que desean vivir o la manera de entender el compromiso.
Una búsqueda profesional no consiste, por tanto, en confeccionar una lista interminable de requisitos.
Consiste en saber distinguir entre lo esencial y lo accesorio.
Una búsqueda activa, dentro y fuera de nuestro entorno
Una vez definido el perfil comienza propiamente el trabajo de head-hunting.
Nuestro universo de búsqueda no se limita exclusivamente a las personas que ya forman parte de nuestro Network.
Investigamos, identificamos y activamos diferentes canales para localizar perfiles que puedan responder a los criterios establecidos para cada cliente.
A lo largo de estos años hemos localizado candidatos a través de nuestros propios contactos, recomendaciones, círculos profesionales y sociales y búsquedas específicas realizadas para un cliente concreto.
En algunas ocasiones, la persona finalmente presentada ni siquiera conocía Alcanda Matchmaking antes de que nosotros contactáramos con ella.
Esto es importante porque ilustra perfectamente la diferencia entre trabajar exclusivamente con una base de datos y realizar una búsqueda activa.
La pregunta no es:
“¿A quién tenemos?”
La pregunta es:
“¿Dónde puede estar la persona que estamos buscando?”
Y a partir de ahí empieza nuestro trabajo.
Encontrar a alguien es solo el principio
Localizar un perfil aparentemente adecuado no significa que vayamos a presentárselo inmediatamente al cliente.
Primero necesitamos conocer a esa persona.
Recuerdo búsquedas en las que, sobre el papel, determinados candidatos parecían responder prácticamente a todos los criterios establecidos. Edad, formación, estilo de vida, situación familiar, intereses…
Sin embargo, después de entrevistarlos descubrimos que el encaje no era el que inicialmente parecía.
Y también hemos vivido la situación contraria: personas que sobre el papel no parecían el perfil más evidente y que, después de conocerlas, nos hicieron reconsiderar determinados aspectos porque percibimos una compatibilidad que los datos por sí solos no podían mostrar.
Ahí aparece una parte esencial de nuestro trabajo: el criterio del matchmaker. Seleccionar no consiste en determinar si una persona es mejor o peor que otra. Consiste en evaluar si dos personas concretas pueden encajar entre sí. Alguien puede ser extraordinario y, sencillamente, no ser adecuado para un determinado cliente.
Por eso entrevistamos y conocemos personalmente a los potenciales candidatos antes de realizar una presentación. Queremos comprender quiénes son más allá de los datos de un cuestionario: cómo viven, qué esperan de una relación, qué han aprendido de sus experiencias anteriores y hacia dónde quieren dirigir su vida.
Las relaciones se construyen entre personas, no entre datos.
Lo que ocurre después de la primera cita también importa
Nuestro trabajo tampoco termina necesariamente cuando conseguimos que dos personas se sienten frente a frente.
Después de una presentación hablamos con ambas partes.
Y esos feedbacks son una fuente extraordinaria de información.
En ocasiones confirman que la búsqueda está perfectamente orientada. En otras nos permiten detectar un patrón que el propio cliente no había identificado.
Puede ocurrir, por ejemplo, que varias personas aparentemente compatibles generen exactamente la misma reacción. O que descubramos que una característica que habíamos considerado muy importante en el Perfil de Búsqueda Objetivo no tiene después ningún peso real en la atracción.
Cada presentación nos proporciona información que nos permite afinar la búsqueda siguiente.
El Head-hunting Sentimental© no es, por tanto, un proceso estático.
Es una búsqueda que aprende.
La tecnología ayuda. El criterio humano decide.
Vivimos en la era de los algoritmos y de la inteligencia artificial. Son herramientas extraordinarias capaces de analizar cantidades ingentes de información y detectar patrones que una persona tardaría muchísimo tiempo en encontrar.
Pero elegir pareja sigue teniendo una dimensión profundamente humana.
Un algoritmo puede detectar coincidencias.
No puede sentarse delante de una persona y percibir sus contradicciones. No puede comprender completamente una pausa, una emoción o la manera en que alguien habla de una relación pasada. Tampoco puede determinar por sí solo si una persona está realmente preparada para volver a enamorarse.
En Alcanda Matchmaking utilizamos metodología y experiencia para estructurar nuestros procesos, pero el conocimiento personal continúa siendo esencial.
Porque en matchmaking no buscamos únicamente compatibilidad sobre el papel.
Buscamos que exista una posibilidad real de conexión cuando esas dos personas se sienten frente a frente.
Confidencialidad: buscar pareja sin exponerse
Existe además otro motivo por el que muchas personas recurren a una búsqueda profesional: la privacidad.
A lo largo de estos años hemos trabajado con empresarios, directivos, profesionales liberales y personas con una elevada exposición pública o social que, por razones evidentes, no desean mostrar fotografías ni información sobre su vida privada en una aplicación.
Pero la confidencialidad no es exclusiva de las personas conocidas.
Hay quienes sencillamente consideran que su vida sentimental pertenece a su esfera más privada.
En ambos casos, el matchmaking permite realizar la búsqueda dentro de un entorno controlado, en el que la información se gestiona de manera confidencial y las presentaciones se producen únicamente después de haber valorado previamente un posible encaje.
No se trata de conocer a más personas.
Se trata de conocer a las adecuadas.
Cuando el tiempo también importa
Muchas de las personas que recurren a nosotros han construido vidas profesionales intensas. Dirigen empresas, equipos o proyectos; viajan con frecuencia y tienen responsabilidades familiares y sociales.
No necesariamente carecen de oportunidades para conocer gente.
Lo que muchas veces no tienen —o simplemente no desean tener— es tiempo para convertir la búsqueda de pareja en un segundo trabajo.
Y encontrar a una persona verdaderamente compatible requiere tiempo.
Tiempo para buscar, filtrar, comprobar, entrevistar y conocer.
Delegar parte de ese proceso no significa delegar los sentimientos. Nadie puede enamorarse por nosotros.
Nuestro trabajo termina precisamente donde empieza lo verdaderamente importante.
Podemos buscar. Podemos evaluar. Podemos seleccionar. Podemos presentar.
Pero la atracción, la conexión y, finalmente, el amor pertenecen exclusivamente a las dos personas que se conocen.
Profesionalizar la búsqueda sin deshumanizar el amor
Quizá esta sea la idea que mejor define el Head-hunting Sentimental©.
Aplicar método, rigor y estrategia a la búsqueda sin pretender aplicar esos mismos criterios al sentimiento.
Porque el amor no puede garantizarse, programarse ni fabricarse.
Lo que sí podemos hacer es crear mejores oportunidades para que suceda.
Después de más de una década realizando búsquedas, hemos aprendido que muchas veces nuestro trabajo no consiste en presentar muchas personas, sino precisamente en hacer lo contrario: descartar muchas para poder presentar pocas.
Porque una presentación debería tener siempre una razón detrás.
¿Por qué creemos que estas dos personas pueden encajar?
¿Qué comparten?
¿En qué pueden complementarse?
¿Quieren construir algo parecido?
¿Están en un momento vital compatible?
Después podremos equivocarnos.
La química humana tiene una maravillosa capacidad para desafiar cualquier previsión.
Pero cada presentación debe responder a un criterio profesional previo.
Encontrar pareja también puede ser una búsqueda consciente
Durante décadas hemos profesionalizado prácticamente todas las decisiones importantes de nuestra vida.
Buscamos asesoramiento para gestionar nuestro patrimonio, desarrollar nuestra carrera profesional, comprar una vivienda o cuidar nuestra salud.
Sin embargo, cuando se trata de encontrar a la persona con quien quizá compartiremos los próximos veinte, treinta o cuarenta años, seguimos pensando que necesariamente debe aparecer por casualidad.
A veces sucede.
Y es maravilloso cuando ocurre.
Pero cuando no sucede, recurrir a una búsqueda profesional no significa renunciar a la espontaneidad del amor.
Significa simplemente dejar de confiar exclusivamente en el azar para provocar el encuentro.
Después, como siempre, serán dos personas quienes decidan qué hacer con él.
ESCRITO POR ALCANDA MATCHMAKING PARA LEER Y COMPARTIR
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