* Psicología

A más edad, mejor sexo…

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Habéis leído correctamente: he dicho MEJOR sexo, que no MÁS sexo. Una de las tantas mentiras con las que nos ceban, es que la calidad no está reñida con la cantidad pero Calidad es precisamente lo contrario de Cantidad.

Por más estrellas Michelin que tenga un Chef, si tiene que alimentar 80 comensales, no puede ofrecerles la misma calidad que si prepara una cena para 4 amigos. Y no me estoy refiriendo a la calidad de los alimentos sin preparar, obviamente, sino  al resultado final, pues desde un punto de vista Pránico  (energético) es del todo imposible insuflarles la misma entrega, pasión y dedicación. Ese Prana, es el que  marca la diferencia, lo que hace que una plato sepa a gloria o esté exquisito… sin más.

Doy este ejemplo de un Chef, porque tanto el Sexo como el Gusto son facetas regidas  por el mismo Çakra (los Çakras son ruedas energéticas, antenas que atraen energías  precisas): el segundo Çakra, Swadhistana. Pero no es mi intención hablaros de Çakras en este post sino de sexo, de por qué menos sexo equivale por lo general a sexo con mayor conciencia. Esa es la palabra clave: conciencia.

Existen 3 formas de abordar la sexualidad: la primera con vistas a la reproducción, pura y meramente animal (lo digo sin el menor sentido peyorativo, de hecho adoro los animales); la segunda por placer y exaltación de los sentidos;  y la tercera el Sexo como manera de auto conocimiento a la vez que método de evolución  y de exploración nuestros límites, los de nuestra pareja y los de la realidad que nos rodea, insospechadas, pero va infinitamente más allá.

Una advertencia: como buena Yogini, solo hablo de lo que he experimentado en mi cuerpo y en mi alma. Luego, hablo desde la perspectiva femenina, desde un cuerpo de mujer con una psicología de mujer.

Vivimos en un mundo de polaridad (noche/día, frio/calor, alto/bajo, vida/muerte etc.) no importa lo más mínimo que nos guste o no. Sencillamente es así. Algunas constataciones  son válidas para hombres como para mujeres, como cuando hablo de estas 3 vertientes del sexo, pero la gran mayoría de mis comentarios se aplican exclusivamente a la morfología y emociones femeninas.

Y no se ven las cosas igual desde una perspectiva masculina o femenina. No hay ni mejor ni peor, sencillamente son distintos. Uno de los mas crasos errores que se puedan cometer es pensar que mujeres y hombres somos iguales. No lo somos y nunca  lo seremos.  De ahí esa maravillosa atracción hacia lo opuesto, lo misterioso, lo desconocido… esa polaridad.

Cuando nos transformamos en “iguales”  surgen esas parejitas de “hermanitos “ que abundan en la actualidad, en las cuales ya apenas se practica el sexo, apenas existe el escalofrió que debería preceder todo intercambio sexual. Son parejas de “iguales”, se apoyan, se ayudan, comparten hipoteca, hijos y trabajos glamurosos, son todo lo que queráis, todo menos un hombre y una mujer entregándose a la danza sagrada del sexo.

Cada relación sexual implica energías potentísimas, la parte física es solo la punta del iceberg. Los Yogis creemos que existen 5 cuerpos, el físico es solo el primero de ellos, el más aparente y obvio. Cada relación sexual deja su huella y es percibida en cada uno de nuestros  cuerpos. Hasta nuestra sacrosanta ciencia lo está reconociendo, pues en un reciente estudio se ha demostrado que las mujeres conservaban en la vagina partículas de ADN de los hombres con quien habían tenido relaciones sexuales.

Pero esto, una vez más, es solo lo que vemos y comprobamos físicamente, la realidad, es que hay mucho, muchísimo más.

Toda relación sexual debería estar presidida por la toma de conciencia de que lo que está punto de ocurrir. Es el equivalente de una bomba atómica en nuestras almas, que nos va a sacudir hasta la médula, cambiarnos para siempre, acercarnos un milímetro más a la fuente sagrada de la vida y a nosotros mismos. Por ello precisamente, cuando se sana alguna herida sexual se sanan otras mil facetas de nuestra vida, porque hemos actuado en la raíz, desde donde parte la energía denominada Kundalini.

Es una de las facetas que se trabaja muy seriamente en el Tantra, que no se limita solo al sexo como muchas personas equivocadamente piensan, pero desde luego tampoco lo ignora como hacen la mayoría de las demás Vías Espirituales.

Y esa toma de conciencia, de cuan preciosa y único es cada intercambio sexual, solo suele darse tras muchos errores, es decir, con el paso de los años. En nuestra sociedad, se fomenta el sexo a destajo, todo el que se pueda, da igual malo o bueno, apenas se distingue entre uno y otro. Hemos pasado de la prohibición absoluta a la banalización máxima, como si acostarse con alguien fuese el equivalente a tomarse una copa de vino o ir al cine.

El varón para sentirse el gran cazador cuantas mas presas sume, y la hembra para sentirse “deseada” cuanto mas revoloteo cause a su alrededor. El resultado para muchas mujeres es sexo de ese que ocurre porque se no es capaz de decir que no, o sexo del que se tiene por que esa noche te da pavor quedarte sola, porque estás tan insegura que necesitas de la mirada ajena para odiarte un poquito menos.. Podría seguir, la lista es larga, en resumen, sexo como moneda de intercambio, que no sexo para celebrar la vida y explorar nuestro potencial.

La buena noticia es que cuando dejas de cotizar en la “bolsa de la carne”, te ahorras muchos batacazos y puedes finalmente, tanto física como emocionalmente, empezar a comportarte como quien realmente eres, expresar tus necesidades sin miedo, dejar de juzgarte. En resumen, quererte y respetarte, pues es la base para que florezcan intercambios sexuales que destilan magia, física y emocional, que habíamos pisoteado con las prisas de la ignorancia juvenil.

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Tiempo al tiempo. Tiempo para conocer tu propio cuerpo para empezar. ¿Cuantas mujeres jóvenes ni han visto ni han tocado su cuello del útero o punto G? ¿cuántas? muchas. ¿Cuántas mujeres jóvenes no han quedado una noche, consigo mismas, se han acicalado, y en un entorno perfectamente seguro y sensual se han deleitado en el  ritual del autoplacer surfeando sobre la ola infinita que cada centímetro cuadrado de piel encierra, sin buscar un orgasmo sino para familiarizarse con su cuerpo y rendirle pleitesía.

La realidad es que cuando irradias, lo haces desde la abundancia. O sea, cuando te conoces y sabes disfrutar de tu cuerpo, cuando el placer te lo puede aportar otra personas sin  depender exclusivamente de ello, ahí es cuando empieza el buen sexo.

Dicho esto, el Sexo no es una casilla a parte con reglas especiales. Se practica como se es. Si toda la vida has sido un holgazán, lo que va a ocurrir cuando cumplas 50 ó 60 años es que serás un holgazán viejo.

Si has aprendido de tus errores, de las noches en las que te has odiado con toda tu alma, tanto como de las que has tocado el cielo con las manos y sobre todo de cómo TODO estaba dentro de ti, entonces, por más que la carne sea más flácida y que posiblemente no puedas seguir luciendo las minifaldas que tan bien te sentaban antes, el placer será inconmensurable. No olvidemos que el placer es algo que ocurre en nuestras mentes/alma y tiene mucho menos que ver con el mundo físico que con nuestra percepción de lo que llamamos realidad.

También existen motivos físicos reales que hacen para una mujer el placer aumente con los años. Uno de ellos es porque ya no eres fértil. Obviamente desde la sociedad patriarcal, nuestra primera, principal y en muchos casos, única función sigue siendo facilitar la reproducción de la raza. Nuevamente, el sexo entendido dese un punto de vista animal, para reproducirse y perpetuar la especie. En realidad, muchas mujeres,  contrariamente a la leyenda, no tienen sentido materno y no por ello la voluntad de no-reproducirse no disminuye en lo más mínimo nuestra femineidad o voluptuosidad. Con la llegada de la menopausia, se abre una era de placer y solo placer pues desaparece hasta el  dolor de la regla aunque siga siendo algo insospechado de lo cual apenas se habla.

Este es un tema muy profundo y amplio, obviamente un post no es suficiente para abarcarlo, pero espero haberos “abierto el apetito” para que sigáis indagando por vosotras mismas.

¡Disfrutad del sexo de calidad y sed felices!

Hare Aum,

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¿Por qué somos infieles?

En un post anterior mencioné brevemente a Esther Perel y os dije que os hablaría de ella más adelante y, como lo prometido es deuda y yo siempre cumplo con mis promesas, hoy os voy a hablar de su última e interesante charla para TED: Repensando la infidelidad… una charla para quien haya amado alguna vez.

¿Qué queremos decir realmente con “ser infiel”? ¿Una aventura, una relación virtual, pagar por sexo, “follamigo”, “sexting”, mirar porno, un masaje con final feliz, estar activo en webs de contacto, o el simplemente hecho de desear a otra persona?

Esther comienza redefiniendo el significado de la infidelidad para romper con los mitos sobre que los hombres engañan por aburrimiento y miedo a la intimidad mientras que las mujeres lo hacen para paliar un sentimiento de soledad en busca de esa misma intimidad.

La monogamia solía significar una persona para toda la vida pero ahora significa una persona a la vez, porque está demostrado que a lo largo de nuestra vida, mantendremos al menos 3 relaciones de pareja estable.

Lo cierto es que el adulterio existe desde que se inventó el matrimonio y también el tabú sobre él. Por tanto, la cuestión es ¿cómo reconciliamos algo que está universalmente prohibido y a su vez, universalmente practicado?

A lo largo de la historia, los hombres han tenido “licencia para engañar” con muy pocas consecuencias, e incluso han sido justificados por teorías biológicas y evolutivas, mientras que el adulterio femenino aún sigue siendo castigado con sentencia de muerte en 9 países en el mundo.

Por tanto, una buena definición de infidelidad consta de tres elementos claves:

  1. una relación secreta, que es la base de la infidelidad;
  2. una conexión emocional de un tipo u otro;
  3. y una alquimia sexual siendo ésta la parte más importante porque el escalofrío erótico que solo el pensamiento de dar un beso puede resultar tan estimulante y poderoso como el acto de hacer el amor pues como dijo Marcel Proust:
“es nuestra imaginación la que es responsable del amor, no la otra persona.”

Cuando antiguamente los matrimonios estaban basados en intereses socio-económicos, el adulterio ponía en peligro la estabilidad y seguridad económica de la pareja, mientras que desde que el matrimonio está basado en el amor, el adulterio pone en peligro nuestra estabilidad emocional. Irónicamente, antes se buscaba amor en el adulterio pero ahora, que buscamos amor en el matrimonio, el adulterio lo destruye pues es una violación de confianza y puesto que hoy en día es socialmente aceptable el abandonar una relación cuando se ha roto la confianza pues, paradójicamente, mientras antes estaba mal visto divorciarse sólo porque tu pareja te había sido infiel y lo manteníamos oculto, ahora lo está permanecer en una relación, o seguir amando a alguien que te ha sido infiel, porque ahora no nos divorciamos porque somos infelices, sino que nos divorciamos para ser más felices.

Y si ahora somos libres para entrar y salir de las relaciones en busca de la felicidad y sólo permanecemos en aquellas que nos hacen sentir “más” felices, ¿por qué sigue existiendo la infidelidad? ¿qué nos empuja a serle infiel a nuestra pareja cuando aparentemente lo tenemos todo con ella?

La mayoría de las personas que, en algún momento de su vida, son infieles a sus parejas, creen firmemente en la monogamia y les han sido files durante décadas. Pero llega un día en el que, de repente, se empiezan a cuestionar su “lealtad” hacia ellas en una encrucijada entre, seguir siéndolo o “echar una cana al aire” con la esperanza de que ello no perjudique a su relación de pareja estable, entonces ¿por qué dudan ahora en hacerlo aun siendo conscientes de que pueden perder todo aquello que construyeron a lo largo de tantos años?

Las aventuras son un acto de traición pero también un acto de lujuria y de amor. En lo más profundo de una aventura, normalmente encontramos el deseo, y el anhelo, de obtener una conexión emocional, una novedad, libertad, autonomía, intensidad sexual, el deseo de volver a encontrar una parte perdida de nosotros mismos, o por un intento de recuperar la vitalidad en contrapunto a una pérdida o tragedia.

En la mayoría de los casos, las aventuras en personas de mediana edad representan la adolescencia no vivida o, mejor aún, la búsqueda en la otra persona de algo en lo que nosotros mismos nos hemos convertido. No huimos de nuestro pareja sino que intentamos reconectar con nuestros “nuevo yo”.

Pero la razón más utilizada para justificar una aventura, no importa de qué nacionalidad, edad, razón o condición hablemos, es para “sentirse vivos” otra vez, porque las aventuras normalmente van después de la perdida de alguien cercano, o de alguna tragedia vivida lo cual hace preguntarnos: ¿es esto todo? ¿voy a seguir con esta vida otros 20 años más sin sentir esa pasión que nos trae un nuevo amor? Por consiguiente, podría decirse que el mayor causante de una aventura es la búsqueda de volver a vivir, a sentir algo que pensábamos quedó atrás, en realidad es un antídoto a la muerte. Y por ende, en contra del pensamiento común, las aventuras se tienen, no tanto por un deseo sexual sino más bien por el profundo anhelo de sentirse deseado, importante, atendido, etc. y el mero hecho de saber que no tienes a esa persona, y que no podrás tenerla, nos hace seguir deseándola convirtiéndose en una espiral de deseo porque el ser humano siempre quiere lo que no tiene.

Entonces, ¿cómo nos recuperamos después de una aventura? Algunas aventuras son simplemente el colofón final de algo que ya estaba completamente muerto pero otras se convierten en el motivo para tener una nueva oportunidad porque se dan cuenta de lo importante que es contar con esa persona tan cercana, que siempre han tenido al lado, de volverla a valorar y por eso la mayoría de las parejas que van a terapia después de una aventura siguen juntas porque fueron capaces de convertir una crisis en una oportunidad de volverse a reencontrar.

Pareciera que dentro del desorden que provoca una aventura, se forma un nuevo orden en el que ambas partes empiezan a hablar en profundidad después de pasar años sin hacerlo, de exponer sus deseos y sus anhelos a todos los niveles e incluso recuperar ese deseo sexual por su pareja que perdieron hace ya mucho tiempo.

Y ahora la pregunta difícil sería ¿son entonces las aventuras recomendables para reavivar una pareja o volver a valorar lo que ya tenemos? Desde mi punto de vista, no, en absoluto porque, cuando se es infiel se cruza una línea roja – la pérdida de confianza – la cual es muy difícil de recuperar, pero también soy consciente de que cada cual es cómo es y que no todas las aventuras surgen por los mismos motivos y tienen las mismas consecuencias.

Así que yo os diría que reflexionéis sobre vuestras relaciones, sobre por qué tenéis la tentación de serle infiel a vuestra pareja (o haberlo sido) porque la respuesta, seguramente, no esté en tu pareja sino en ti mismo.

Feliz domingo de noviembre, el primero con tiempo otoñal en Madrid,

V.

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La piel que habito

Foto La piel... para Alcanda Matchmaking Blog

“El problema español es la idea de que vivir es matar el tiempo del modo más placentero”. (Charles Murray)

Dudo que Murray describa exclusivamente un panorama español;  más bien una tendencia de la sociedad occidental, en la que el hedonismo se vive – y se persigue – como paradigma de plena felicidad.

Y cierto es que, a la larga, el hedonismo lleva a la insatisfacción porque, tal y como explica en sus escritos G. Deleuze, la alegría sin crecimiento, esto es, sin desarrollo de potencial, crea, con el tiempo, resentimiento; crecimiento y alegría son, ambas, condiciones inseparables para lograr la plenitud.

La búsqueda de la alegría como exclusivo correlato de la felicidad creará resentimiento porque cada cuerpo busca, en el fondo, ampliar su territorio mediante sus devenires, ampliar su potencia y, por ende, su particular y completa expresión vital.

Antonio Blay define “la plenitud” como fin último de la realización del ser humano y a cuyo puerto arriba cuando llega a encarnar completamente su particular potencial. Por lo tanto, la plenitud consiste en un viaje heroico de conquista de nuestra propia esencia cuyo brillo hemos ido oscureciendo a medida que avanzaba la construcción de nuestra personalidad.

La personalidad o carácter es el producto de la estrategia que ha desarrollado el niño en relación al ambiente para poder sobrevivir, construyendo una identidad superpuesta, conocida también como ego y que suplantará su verdadera esencia.

El carácter es, en definitiva, una fijación o distorsión cognitiva y una emoción recurrente o “pasión” que terminará por conformar un patrón caracterológico a través de respuestas mecánicas. El niño, en la medida que fue repitiendo estas respuestas aprendidas –para recibir el amor y la mirada de los padres o para protegerse de su falta- fue esculpiendo la piel que finalmente habita, expulsándose de su propio paraíso: su libre y auténtica expresión vital.

El carácter dibuja el núcleo del límite de la persona para la conquista de su plenitud. Acceder a las claves para superar estas fronteras requiere la definición de un modelo preciso -a modo de mapa- para conocer y, así, vencer los límites de la capacidad de expresión.

Carácter: Tipos

Para determinadas escuelas existen, en total, nueve tipos o expresiones que conforman una particular cosmovisión del mundo y, por ende, una forma de vivir el devenir y actuar en consecuencia:

1. El Perfeccionista o Reformador:

El tipo racional, idealista, de sólidos principios, determinado, controlado y perfeccionista.

“Compra” el amor de otros siendo perfecto. Le preocupa hacerlo todo bien. Piensa en términos de “debería”, “debo” y “tengo que” (deberíamos tener una relación perfecta, debemos tener un expediente intachable en el trabajo, etc.).

En su aspecto positivo, el compromiso con lo bueno guía hacia el progreso; como autodefensa, suelen sentirse moralmente superiores y no dejan de señalar los fallos ajenos.

2. El Altruista o Ayudador:

El tipo interpersonal, preocupado por los demás: generoso, demostrativo, complaciente y posesivo . “Compra” el amor de los demás ofreciendo ayuda. Representa el poder detrás del trono. En su aspecto positivo, esta entrega es altruista y generosa. Como autodefensa, da para conseguir algo a cambio.

3. El Ejecutante o Triunfador:

El tipo pragmático, orientado al éxito, adaptable, sobresaliente, ambicioso.

“Compra” el amor con logros y su imagen. Alto grado de eficiencia en el trabajo. Gran interés por la posición que ocupa. Deseo de ser el primero, de guiar, de ser visto En su aspecto positivo, la tendencia a ejecutar produce un liderazgo efectivo. Como autodefensa, la imagen se adapta continuamente (manipulación) para conseguir el éxito personal.

4. El Romántico o Individualista:

El tipo sensible, reservado, expresivo, dramático, ensimismado y temperamental.

Vive en la comparación continua viviendo el mundo como una “botella medio vacía”. En su aspecto positivo, la búsqueda de la pasión conduce a la profundización de los sentimientos. Como autodefensa, vive en una continua comparación y con mucho dolor al verse inferior (económico, social, atractivo, etc)

5. El Observador o Investigador:

El tipo cerebral, penetrante, perceptivo, innovador, reservado y aislado.

Distanciamiento del amor y de la emoción intensa. Les gustan los entornos de trabajo protegidos, la ausencia de interrupciones, el contacto limitado y los planes anunciados con anticipación. En su aspecto positivo, la postura distante deriva en un análisis confiable y claro. Como autodefensa, evita compulsivamente el contacto  con el distanciamiento.

6. El Soldado o Leal:

El tipo comprometido, orientado a la seguridad, encantador, responsable, nervioso y desconfiado.

Cuestionamiento del amor y de un futuro prometedor. Temor a ser traicionado. Leales en el amor, los soldados se vuelcan en sus íntimos para que les alienten. Por desconfiar de la autoridad cuestionan su trabajo. En su aspecto positivo, la mente cuestionadora produce claridad de propósito. Como autodefensa, la duda interior interfiere con el progreso.

7. El Epicúreo o Entusiasta:

El tipo activo, divertido, espontáneo, versátil, ambicioso y disperso.

Capacidad para amar y ser bien considerado. El amor y el trabajo deberían ser aventuras. Anhelo de llevar una vida fabulosa. Expresión de ideas, planificación, opciones sin límite. En su aspecto positivo, el punto de vista aventurero contagia entusiasmo. Como autodefensa, la atracción por el placer es una forma de escapar del dolor.

8. El Jefe o Desafiador:

El tipo poderoso, dominante, seguro de sí mismo, decidido, voluntarioso y retador.

Expresión del amor a través de la protección y el poder. Preferencia por la verdad que surge de una discusión. Defensa de los suyos. Al ascender a posiciones de control y autoridad, establecen las reglas en la vida amorosa y laboral. En su aspecto positivo, la postura de “hacerse cargo” crea líderes que utilizan sabiamente su poder. Como autodefensa, la mejor defensa en una buena ofensa.

9. El Mediador o Pacificador:

El tipo indolente, modesto, receptivo, tranquilizador, agradable y satisfecho.

Fusión y pérdida de límites. Aprobación compulsiva de los puntos de vista ajenos. Voluntad de ser neutral: “no he dicho que no, pero me parece que no estoy de acuerdo contigo”. Capacidad para relacionarse con todos los puntos de vista de una discusión, desatendiendo sus propios planes. En su aspecto positivo, el hábito de fundirse con los demás ofrece un apoyo genuino. Como autodefensa, adoptar puntos de vista ajenos lleva al “olvido de sí”.

Estas nueve expresiones describen “la  piel que habitamos” y que nos protege de las “adversidades” del mundo. Esta piel, carácter o ego, es, en esencia, expresión neurótica al obedecer a respuestas que yo no corresponden a un estímulo-peligro real. Actuando el carácter (re)vivimos, literalmente, el pasado.

Superar nuestro ego, significa madurar… significa superar las respuestas que el niño construyó para poder sobrevivir…superar los límites de nuestro carácter significa conquistar nuestra plenitud y pleno derecho de vida.

Y es aquí donde se inicia el viaje… el viaje del Héroe…el viaje del Guerrero… cuyas batallas siempre se libran en el interior de uno mismo.

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San Valentin 3.0: Amor o Narcisismo

Este gracioso cortometraje animado refleja como, en cuanto nos descuidamos, se crea una línea muy fina entre Amor y Narcisismo y es que dicen que el “Amor es ciego” (o un mero reflejo de nuestro ego).

DEFINICIÓN DE AMOR:

1. Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.

2. (ROMÁNTICO) Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.

DEFINICIÓN DE NARCISISMO:

1. Alude al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo. Admiración excesiva y exagerada que siente una persona por sí misma, por su aspecto físico o por sus dotes o cualidades.

2. En su uso coloquial designa un enamoramiento de sí mismo o vanidad basado en la imagen propia o ego.

Y es que en las relaciones 3.0 lo que prevalece no es precisamente “acciones desinteresadas e incondicionales” que se deberían de dar en toda relación, no solo de pareja, sino que se basan en la búsqueda de continuo placer para uno mismo basadas en una (o varias) simple imagen (o fotos).

Como bien explica mi amiga Susana Aparicio Cilleruelo, psicóloga y coach sentimental, la novedad de conocer gente nueva genera dopamina y la dopamina activa nuestros circuitos cerebrales de recompensa. A los humanos nos encanta esa sensación y por eso es muy difícil renunciar a ella. En Tinder, o cualquier otra Aplicación digital que nos permite conocer gente nueva constantemente, la novedad es continua, el catálogo está permanentemente actualizado y eso nos garantiza nuestra dosis regular de dopamina.

Pero lo cierto es que en la era digital estas Aplicaciones y Redes Sociales están aquí para quedarse, e incluso re-volucionarse, lo que ha cambiado radicalmente las reglas del juego de seducción y, aunque es divertido y nos abre un amplio abanico de nuevas oportunidades, creo que es importante no dejarse llevar solo por nuestros egos y pensar un poco más en los demás y en nuestra felicidad a medio-largo plazo, no en un simple “aquí te pillo – aquí te mato”, terriblemente facilitado por estas nuevas tecnologías para “conocer gente” lo que ha hecho de las relaciones personales, relaciones de “Amor líquido”, como lo define el filósofo polaco Zygmunt Bauman en su libro del mismo nombre en el que mantiene que vivimos en una sociedad que valora solo lo fugaz e inmediato, el consumismo puntal y la satisfacción momentánea, lo que ha hecho que se pierda la magia y resulte casi imposible protagonizar romances apasionados como los de antaño.

En San Valentín, los “emparejados” normalmente se quejan del lado consumista de este día; y los “singles”, aunque no lo demuestren, desearían tener pareja para quejarse. Así que, no lo olvidéis, si tenéis pareja, tened un detalle con ella en este día de celebración del Amor y la pareja; y para los que no, intentad ver más allá de una simple foto (imagen) porque el físico envejece pero el alma crece.

¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN!

Vero

 

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Relaciones conscientes

Dibujo Pareja consciente para Alcanda Matchmaking Blog

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy he leído en El País Semanal (EPS) este artículo de Raimón Samsó sobre las relaciones desde un punto de vista más consciente y del por qué de los fracasos de las relaciones “dependientes”. Me ha parecido tan enriquecedor e interesante que lo voy a citar aquí para vuestra lectura.

¡Espero que lo disfrutéis como lo he hecho yo!

Un beso, VAS

 

“Una pareja funciona porque los dos miembros se sienten completos. Saben vivir solos y no ven en el otro a su media naranja, sino a una entera.” (Raimón Sansó)

“Las relaciones personales parecen ser un rompecabezas. A menudo decimos que son difíciles, sin caer en la cuenta de que tal vez las personas somos “difíciles”. Buscamos gente que cumpla nuestras expectativas, y que nos hagan felices; y esta perspectiva no realista activa infinidad de conflictos. Es como si renunciáramos a ser dichosos por nosotros mismos, y en su lugar pusiéramos en manos ajenas las propias esperanzas de bienestar. No es de extrañar que las rela­ciones personales se conviertan en una fuente de problemas y un rompecabezas indescifrable.

La relación personal inconsciente

«Si juzgas a las personas no tienes tiempo para amarlas” (Madre Teresa)

El amor romántico, o inconsciente, poco tiene que ver con el amor verdadero. Esa confusión es la causa de muchos conflictos en las relaciones personales. El romanticismo es idealización, apego o pura necesidad del otro; y la necesidad es una falta de amor severa hacia la persona que se dice amar. La concepción romántica del amor ha creado muchos problemas a hombres y mujeres que han sido víctimas de sus propias fantasías. Esto no significa que no convenga ser afectuosos, cariñosos, atentos, tiernos, detallistas, cálidos, suaves, entregados… con las personas con las que nos relacionamos. Quiere decir que únicamente siendo conscientes de en qué hemos convertido las relaciones, podremos construirlas sanas y conscientes. Pero, eso que suena tan sencillo, ¿cómo se consigue? ¿Cómo podemos crear vínculos que funcionen?

– Dejar de buscar (mejor “convertirse” en la clase de persona que se busca).
– Después de una ruptura, hacer una “dieta de relaciones”, darse tiempo y espacio.
– Recuperar la energía física y el equilibrio emocional.
– Aprender a estar solo sin que ello sea doloroso o traumático.
– Ordenar el espacio emocional propio y clarificar valores.
– Prepararse para una nueva relación.
– No perder nunca “la inocencia” y frescura para empezar de nuevo.
– Confiar en que todos merecemos ser plenamente amados.

Si nos saltamos el proceso de cambio, y no hay una verdadera transformación personal, en la nueva relación aflorará el temor de revivir experiencias anteriores, y la carga de dolor nos perjudicará notablemente. Porque no serán dos personas, sino la suma de sus exparejas, los fantasmas del pasado y de sus constantes miedos a repetir las viejas historias de dolor.

La relación personal consciente

“El amor verdadero no viene a ti, tiene que estar dentro de ti” (Julia Roberts)

Las relaciones que funcionan son conscientes (maduras emocionalmente) y se establecen entre dos personas que se sienten completas, porque no creen que les falte su “media naranja”: se sienten una “naranja completa”. Por supuesto, no significa esto que no quieran tener pareja (o una amistad). La desean, pero no la necesitan, son cosas muy diferentes. Las personas conscientes comparten su plenitud, no se relacionan para completar sus supuestos vacíos, ni para mitigar la necesidad de estar en compañía. Y entonces, de alguna manera, lo que está completo atrae a lo completo, y lo que está incompleto a lo incompleto. Los iguales se atraen. Intuitivamente entendemos que cuando dos personas se encuentran y se reconocen completas en sí mismas y no necesitadas, las relaciones empiezan y fluyen con suavidad.

¿Cómo encontrar una persona completa en sí misma, no necesitada? Puede parecer extraño, pero la clave es reflejar las cualidades que buscamos en la pareja ideal. Si alguien quisiera tener a su lado a una persona cariñosa, lo mejor será mostrarse cariñoso; si desea conocer a alguien educado, lo propio es mostrarse educado… Cuántas veces olvidamos esta sencilla regla: “Sé tú la persona que quisieras tener a tu lado…”, y tarde o temprano aparecerá y se fijará en ti (cómo no iba a hacerlo si se verá reflejada).

Las personas conscientes que establecen una nueva relación, en realidad no la buscaban, aunque tal vez la esperaban. Buscar la pareja ideal, o el amigo ideal, sería tanto como buscar una aguja en un pajar. Porque “buscar”, por definición, significa implícitamente carencia, ausencia, necesidad… No puede buscarse una relación, todo lo que puede hacerse es crearla.

Mucha gente no entiende por qué siempre llega a su vida un mismo estereotipo de persona, ya hablemos de parejas o de amistades. Una y otra vez sus relaciones parecen fotocopias siguiendo un mismo patrón. Parece que no haya otra clase de persona disponible para ellas. No sirve de mucho buscar a alguien con tal o cual cualidad. En su lugar, ser uno mismo adecuado y estar en posesión de esas facultades, sí es útil. Como los iguales se atraen, aparecerá alguien con esos atributos.

En lo que se refiere a las relaciones, hay una estrategia mucho mejor de la que sigue el ego y se basa en el amor consciente, algo así como “amor sabio”, pero no una sabiduría de la cabeza, sino del corazón.

Volver al amor

“Piense que usted es alguien con quien vale la pena pasar el tiempo. Finalmente otro pensará lo mismo de usted” (Doctor Sol Gordon)

Para saber estar en pareja es necesario antes saber estar solo. No es sencillo encontrar personas que no odien la soledad. Llegar a tolerar, incluso amar, estar solo, y sentirse bien, es un gran logro personal. Por esa razón, no es aconsejable empezar una nueva relación justo al terminar otra. El campo también necesita un tiempo de regeneración entre cosechas, lo llaman “barbecho”. Nosotros podríamos llamar a ese tiempo “dieta de relaciones”, para referirnos al tiempo que una persona se regala a sí misma para recomponerse, centrarse, atenderse y prepararse para la siguiente relación.

Cuando se resuelve el miedo a la soledad, se deja de creer en las relaciones superficiales, egoístas e inconscientes como escudo de protección. Estar solo no es una garantía de no sufrir más, sino que al contrario añade más sufrimiento. La soledad no es buena ni es mala. Es lo que cada uno hace con ella, es como un desierto (los desiertos nunca están vacíos), pero, como todos los desiertos, un día terminan y es al salir de ellos cuando se reconoce su valor. Llegar hasta el final de la soledad, la agota como sistema de aprendizaje y la cancela. Tratar de suspenderla, de forma artificial, solo pospone el proceso necesario de la soledad para más adelante…

Cuando se resuelve el miedo al abandono, empezar un idilio no es una amenaza, sino una nueva oportunidad. El mayor logro de la relación consciente es que ambas personas están dispuestas a amar como si nunca antes hubiesen sido heridas, sin volcar en la nueva pareja el dolor de relaciones anteriores. En realidad, esas dos personas son “nuevas” y por ello destilan frescura y atractivo (no están resentidas, no son desconfiadas, no rezuman amargura y por eso atraen tanto).

Cuando se resuelve desactivar el ego, la nueva relación no está debilitada por el temor a amar sin condiciones ni apegos. El final del ego es lo que la mente podría interpretar como la destrucción de la individualidad, la anulación, cuando en realidad es una transformación y la salvación de la relación. El ego es el estorbo número uno en cualquier relación personal, ya sea de amistad o de pareja, y la causa de que fracasen, como suele suceder. Si tan solo las personas mantuvieran su ego a un lado, fuera de escena, la historia sería otra. Las relaciones seguirían empezando y acabando, según su tempo y propósito, pero no tendrían el sabor amargo que a menudo dejan en el recuerdo…

Cuando todo eso ocurre, las personas conscientes descubren que en realidad no temían empezar un nuevo vínculo o acabarlo; sino que en su inconsciencia temían el infierno en el que, con anterioridad, habían convertido sus relaciones.”

Autor: Raimón Samsó. Link al artículo original “Relaciones conscientes” publicado hoy, 31 de agosto 2014, en el suplemento dominical El País Semanal.

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La mujer salvaje

Foto la mujer salvaje para Alcanda Matchmaking Blog

“Sí no sales al bosque, jamás ocurrirá nada y tu vida jamás empezará…” (Clarissa Pinkola Esteés)

“Esta noche soñé con mi halcón. Viajo en un deportivo rojo. Conduce Eric. Avanzamos a gran velocidad por una carretera comarcal. Es una carretera de montaña. Entonces lo veo. Mi halcón. Reposa sobre el asiento trasero atrapado en una jaula. Atento. Vigilando permanentemente el terreno. Con su presencia intensa sobre el paisaje que busca, incesante, su presa. Me atrae el abismo desnudo de colores en el centro de su mirada. Eric acelera. Ahora veo su cuerpo; espalda gris azulada y  blanquecina, con manchas oscuras. Eric acelera. Ahora veo sus patas. Ahora lo veo… ¡Están partidas! Me despierto de golpe. Tengo miedo.”

Es el relato de una mujer en un período de profundo cambio personal. Una mujer, en cuyos sueños, recurrentemente, aparece un halcón lisiado incapaz de remontar el vuelo. Un halcón abatido, triste, vencido por el infortunio del destino que lo condena a permanecer en tierra. Encarna la metáfora del instinto quebrado de la mujer que acecha en la sombra de día y de noche y llama sin permiso a la puerta de los sueños para despertar y recuperar su vuelo perdido.

El sueño del halcón señala la historia de una mujer hermosa en cuyo relato de vida el tiempo entreteje sutilmente el olvido de sí y entierra su más preciado tesoro: la conexión con su alma de mujer libre; su vasta frondosidad de tierra virgen y de aguas marinas, salvaje, divina, confiada y receptora de lo desconocido  y cuyo centro fundamenta el encuentro de radical certeza para emerger rebosante de intuición y creatividad hacia su propia singularidad, hacia su genuina identidad.

Arquetipos  

Los arquetipos forman parte de nuestra consciencia colectiva y constituyen una especie de memoria biológica común a todos los seres humanos. Estos “arquetipos” no son entes petrificados, sino formas energéticas que trascienden lo fenomenológico y tienen vida propia,  organizando la vida alrededor de su entidad simbólica. En cierto modo remite a una ontología original que muestra al hombre patrones de vida que lo trascienden y lo condicionan; lo que el hombre hace, ya lo hizo en otros tiempos.

Los arquetipos son, por tanto,  imágenes alimentadas y sostenidas por el inconsciente colectivo a lo largo del tiempo a través de cuentos, mitos y leyendas y describen en profundidad aspectos parciales de nuestro psiquismo. Cuando nos enfrentamos a los arquetipos, literalmente, nos llaman y revelan  imágenes tan poderosas que nos obligan a responder despertando aspectos que hemos relegado en nuestra vida e impiden nuestro  pleno despliegue vital.

La mujer salvaje y el viaje interior

“Cuando las vidas de las mujeres se quedan estancadas o se llenan de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje”. (C. P. Esteés)

Linda Jarosch y Anselm Grün describen catorce imágenes (catorce es un número de curación y un número que acoge la esencia de lo femenino, el cambio, la transformación y la metamorfosis)  arquetípicas de la mujer: la amante, la madre, la sacerdotisa, la artista, la guerrera, la sabia, la chamana, la profeta, la forastera, la risueña, la reina y la mujer salvaje. Todas ellas poderosas imágenes que mueven y conmueven aspectos vitales en la mujer.

Hoy en día, el arquetipo de la mujer salvaje desencadena respuestas polarizadas; algunas mujeres quedan fascinadas por esta imagen, otras la rechazan porque sienten que no forma parte de su vida. No obstante, muchas mujeres desean dar entrada a su mujer salvaje;  quieren librarse de ataduras de imágenes y expectativas en las que la sociedad –en muchas ocasiones el hombre, el orden patriarcal- las ha encorsetado condicionando su movimiento auténtico. El arquetipo de la mujer salvaje pone a las mujeres en conexión con una fuerza originaria, con la fuente que fluye en ellas. Es la poderosa fuerza de la naturaleza y que muchas diosas representaban en la antigüedad.

La mujer salvaje tiene que caminar hacia sí misma, tiene que cavar hacia dentro. La mujer salvaje sabe que si no arriesga, su existencia se oscurece y , para ello, no teme adentrarse en la profundidad de su alma porque ya no quiere desterrarse a sí misma y sabe que allí, en su propio fondo,  encuentra las respuestas que necesita; la mejor tierra – tierra de siembra- siempre surca del fondo; y tocar fondo es doloroso; tocar fondo es morir y, a la vez, es encontrar la tierra fértil que nutre la nueva vida… un fondo que es tierra de vida…un fondo que quiere la muerte para volver a la vida.

“Cuando las mujeres oyen esas palabras, despierta y renace en ellas un recuerdo antiquísimo. En lo más hondo de nuestro ser la conocemos, (..) sabemos que nos pertenece y que nosotras le pertenecemos.” (C. P. Esteés)

El depredador

Volvamos al sueño: ¿Quién encarceló al halcón? ¿Quién lo mutiló? ¿Quién quebrantó su libertad?

Estées habla, citando el cuento de Barba Azul como metáfora,  del depredador interno y del depredador externo. Los depredadores son fuerzas (personas, circunstancias, hábitos, estructuras de lenguaje, pensamientos recurrentes, etc.) contrarias al desarrollo de la vida y la naturaleza; impiden el desarrollo,  la armonía y lo salvaje. Es un sarcástico y asesino antagonista cuya misión consiste en convertir encrucijadas, viajes, voluntades, sueños… en  inhóspitos desiertos vaciando el alma de esperanza alguna.

Este poderoso depredador aparece una y otra vez en los sueños de las mujeres  y estalla en el mismo centro de sus planes más trascendentales y significativos. Así despoja a la mujer de su naturaleza instintiva y, una vez consumado su propósito, la deja insensibilizada y sin fuerzas nutritivas para progresar en su vida, sin relato y con sueños rotos,  privada de aliento vital.

Como los lobeznos, las mujeres necesitan una iniciación para que aprendan que los mundos interiores y exteriores no siempre son  lugares seguros y placenteros. Las mujeres necesitan cuestionar para desenmascarar los depredadores que las aniquilan:

¿En dónde piensas que está esa puerta, y qué podría haber al otro lado? ¿Qué hay detrás de lo visible?  ¿Qué hace que esa sombra aparezca en la pared? ¿Qué cosa no es lo que parece? ¿Qué es lo que yo sé en lo profundo de mí que desearía no saber? ¿Qué parte de mí ha sido asesinada o yace moribunda? ¿Cómo hago para ir convirtiendo un sí en un no? ¿Qué me impide caminar? ¿Qué es aquello que me pasa a menudo?  ¿Qué estoy escondiendo de mi mundo que quiere ser expresado?

Tal y como describe Estées, las mujeres iniciadas necesitan:

1- Aprender a discernir; separar sutilmente una cosa de la otra, con el mejor criterio posible, establecer sutiles distinciones de juicio, y observar el poder del inconsciente.

2 -Aprender algo más acerca de la vida y de la muerte. Tener la capacidad para infundir energía y fortalecer la vida, y también apartarse del camino de lo que va muriendo.

Hacia rutas salvajes

El depredador es la fuente que, revirtiendo su poder, señala el camino:

La rabia del depredador puede convertirse en un fuego del alma para realizar una gran labor en el mundo. Con la astucia del depredador se puede examinar y comprender tomando distancia. La naturaleza asesina del depredador puede usarse para matar aquello que debe morir, convenientemente, en la vida de una mujer, o aquello a  lo que ella debe morir en su vida externa.

Y cuando la mujer atraviesa sus infiernos y vence a sus depredadores recupera plenamente su instinto e intuición, la escucha incondicionada, el corazón leal de la mujer justa, la sabiduría plena de la tierra como conjunción de ideas, sentimientos, impulsos y recuerdos, la protesta a voces contra la injusticia y una resiliencia inquebrantable, la capacidad para seguir adelante y emprender nuevas rutas cuando apenas queda esperanza.

El viaje de la mujer salvaje es el viaje mítico, el viaje del verdadero Ser, el viaje del renacimiento de la mujer.

“No podemos controlar quién nos trae al mundo. No podemos influir en la fluidez con que nos educan. No podemos obligar a la cultura a volverse instantáneamente hospitalaria. Pero las buenas noticias son que, aún después de ser heridos, aún en un estado federal, aún incluso en   estado de cautiverio, podemos recuperar nuestras vidas”. (C. P. Esteés)

Vivir es siempre lo que queda por vivir, vivir es urgente… y como hombres, para adentrarnos en el misterio sagrado de la mujer, para unirnos profundamente con ella, entre  cielo y tierra,  y crear un nuevo mundo, necesitamos conocer  la naturaleza y expresión de ese anhelo de la mujer salvaje, el anhelo de su conexión profunda con el universo, y honrar y apoyar sus sueños con arraigo e incondicional presencia.

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