mayo 2017

Amor sin deseo

Amor sin deseo para Alcanda Matchmaking Blog

 

 

 

 

Anoche estuve viendo “Romance X”, una película Francesa de 1999 escrita y dirigida por Catherine Breillat. El argumento me ha hecho reflexionar mucho. Dejando a un lado las escenas eróticas, que las tiene, y que son las que más carisma le dan a esta cinta, vemos a  una mujer, maestra de escuela, y a un hombre, modelo, que descubren el amor y se van a vivir bajo el mismo techo. Al poco tiempo en la relación, sucede algo inusual en los hombres; él ya no tiene ganas de mantener relaciones sexuales, lo cual es muy difícil de aceptar para ella, pues es una mujer muy pasional quien desea sentirse no sólo amada, sino plenamente satisfecha sexualmente.

Él le dice que la ama profundamente, y que siempre ha sido así en sus relaciones pasadas; a este hombre, el deseo siempre le desaparece al poco tiempo. Como si su deseo fuera fruto de una necesidad de posesión, que cuando está cubierta, desaparece.  Ella comienza a sentirse engañada, pero de una forma que no estamos  acostumbrados a ver, donde muchas mujeres piensan que los hombres las prometen amor para llevarlas a la cama, sino todo lo contrario. Un hombre que la ama con todo su corazón, pero que no quiere mantener relaciones sexuales con ella.

Ante la ausencia de encuentros eróticos en el marco de su relación estable,  ella prefiere continuar con esta relación pero sale a buscar en otros hombres, lo que no puede encontrar en su pareja. Es entonces cuando comienzan sus encuentros con varios hombres, entre ellos uno con quien tiene continuidad y que practica en sus relaciones sexuales los juegos sadomasoquistas  provocándola la entrada en una espiral, de la que lógicamente le costará salir.

En esos momentos es cuando me puse a pensar en cómo ella había llegado hasta esta situación, mientras censuraba a este hombre que, sencillamente, no había tenido la valentía de decirle a su compañera que había dejado de amarla; que le había ocurrido lo que le ocurre a muchas personas cuando se enamoran… que se ha fijado en nosotros, porque hay algo que realmente le atrae, que ha querido conocerla más, que estaba buscando cariño, afecto, comprensión, compañía, y que el deseo ha movido a ambos a sellar este encuentro con la convivencia.

Muchas veces criticamos y decimos que eso nunca nos va a pasar a nosotros cuando no estamos en una situación así, pero lo cierto es que el deseo se desvanece, e igual que le pasa a un hombre, le pasa a una mujer. La atracción se desvanece, dejamos de admirar a esa persona, nos damos cuenta que aquello que nos atrajo de ella, ya no nos atrae, o que nos sigue atrayendo, pero que hemos descubiertos otras cosas que nos repelen tanto, que rompen la magia de la atracción anterior y nos llevan a desear, si, pero a desear no estar ya con esa persona.

Nuestra formación (mal-formación) sentimental, fruto de las series televisivas, comedias románticas o cuentos de hadas, nos ha enseñado a unir inequívocamente ambas cosas: amor y deseo. Existen maestros en el arte de amar, que postulan que el deseo sólo aparece cuando se ama. Otros han cuestionado esa infundada verdad y sostienen que puede existir deseo sin que exista amor, subvierten la monogamia y abren su sexualidad sin abrir sus emociones (es el caso de las parejas swingers, por ejemplo). Y algunas otros especialistas han pensado que tampoco el amor es exclusivo, y que se puede desear y también amar a más de una persona a la vez (como sostienen los grupos que proponen la poligamia). Si se puede desear sin amar, entonces ¿se puede amar sin desear?

Pues sí, aunque esta relación esté más cercana a la de una amistad, sabiendo que la diferencia entre un amigo y un amor es que con el segundo tienes sexo y con el primero no. Reconociendo que a un amigo le puedes decir; “te quiero”, porque sientes que su amistad te genera ese sentimiento. Pero, lógicamente, dista mucho del amor que le profesas a una pareja a quien le dirías “te amo”, porque no es lo mismo querer a alguien que amar a alguien y en esto es donde la mayoría de las personas se equivocan y descubren que no son todo lo felices que deberían, aún queriendo muchísimo a su pareja, porque es muy difícil reconocer, y decir en voz alta, a alguien a quien has amado profundamente: “te quiero pero no te amo”.

Lo que está claro es que, como le pasó al protagonista de “Romance X”, el amor se le fue y se llevó el deseo, por tanto; amor y deseo si van de la mano son la pareja perfecta. Pero si no van, el deseo buscará al amor y el amor siempre buscará al deseo.

Yo sé a quién quiero y a quién amo, independientemente de los devenires de la vida, de lo bueno y lo malo que ésta nos depara, pero también sé que prefiero irme a la cama sin ese amor cuando ya no me ama. Porque después del dolor, vendrá de nuevo el amor; ese gran amor que te hará volver a querer compartir tu vida con él hasta que la muerte os separe – o el deseo muera.

Co-autor invitado: Jose Manuel Monfort Calderón

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Cupido también juega al ajedrez…

Ajedrez vs. Amor para Alcanda Matchmaking Blog

Amor y Estrategia

En el post anterior de esta categoría (Cupido también usa calculadora), comenté acerca del amor desde el punto de vista económico, expliqué cómo podríamos configurar un “mercado del amor” y cómo este mercado poseía características ligadas a la información asimétrica que lo transformaban en un “mercado imperfecto”, siendo el concepto clave “el coste de búsqueda de pareja”.  Todo lo anterior nos llevó a concluir en la importancia que muchas veces tiene la presencia de terceros – el “matchmaker” – para lograr acuerdos óptimos en este “mercado imperfecto del amor”.

Una de las presunciones en las cuales se basan las ideas anteriormente expuestas, es que las personas son racionales, es decir, maximizadoras de su propio bienestar. Por tanto, maximizamos nuestro bienestar sujetos a restricciones (tiempo, dinero, etc.). Esta presunción es básica en la teoría microeconómica neoclásica, y si bien puede criticarse su simplicidad, es un supuesto que permite modelar muchas de las conductas económicas humanas. Sin embargo, el amor es un sentimiento complejo, del cual se ha hablado y escrito mucho a lo largo de la historia de la humanidad, y aunque quisiéramos circunscribir el tema sólo a su dimensión económica, no es posible ni válido caer en  simplicidades. Es por esto que en este segundo post daré un paso más para enriquecer la discusión. Ahora agregaremos que las personas además de racionales, se comportan estratégicamente, es decir, no sólo actúan pensando en su propio bienestar sino que además consideran en sus decisiones las acciones de otros.

La moderna Teoría de Juegos es la herramienta analítica que, basada  en el supuesto anterior, ha modelado una infinidad de conductas económicas humanas haciendo  importantes contribuciones  para la resolución de problemas reales en negociación, resolución de conflictos, marketing, estrategia militar, defensa nacional, etc. Y por ende, también tiene algo que decir respecto al amor y a la búsqueda de pareja.

No es anodino que, por ejemplo, en la película “Una Mente Maravillosa” (Ron Howard, 2001), donde se retrata la vida del premio Nobel de Economía 1994 John Nash,  se usara el concepto de “equilibrio de Nash” como ejemplo de estrategia para “ligar” en contraposición al simple “equilibrio competitivo”. Como se muestra en la película, la obtención del “first best” (la chica rubia) no pasa porque cada uno haga lo que sea racional para cada uno, ya que todos irían a por la chica rubia, se molestarían entre ellos, y al final no se conformaría ninguna pareja, ya que los chicos, tras ser rechazados por la rubia, tampoco serían aceptados por las chicas morenas al sentirse éstas tratadas como el “second best”.

“Adam Smith se equivocaba” (John Nash)

 

Por el contrario, el equilibrio socialmente óptimo, donde estarían todos mejor (todos en pareja), implica que sólo uno se debe quedar con la rubia, lo que  a su vez  requiere tener en cuenta la acción de los otros y llegar a algún tipo de acuerdo entre los “candidatos”.

Situaciones como las descritas en la película son una constante en los temas del amor, ¿Cuántas veces amigos del alma han coincidido en los gustos y sentimientos hacia una misma persona? ¿Cuántas veces a lo mejor hemos sacrificado nuestro propio interés para dejar a un amigo la posibilidad de  quedarse con la chica que nos gustaba también a nosotros? ¿O cuántas circunstancias hemos vivido en donde las decisiones de pareja implican involucrar indirectamente a otros? Y, ¿por qué no? cuando simplemente queremos emprender la búsqueda activa de pareja estable.

Y es que el amor es complejo, difícil y un bien escaso. Cupido no sólo usa la calculadora, también juega al ajedrez. No vivimos aislados en la sociedad y los sentimientos se mezclan y entrecruzan. Muchas veces el pensar los pasos a dar en materia amorosa nos obliga a retraernos e, introspectivamente, buscar la mejor respuesta a esa situación compleja. Es cuando esperamos el consejo de aquel amigo o amiga en quien confiamos, pero también es cierto que muchas veces esos consejos, aún hechos con la mejor intención, no alcanzan a visualizar la situación en su total complejidad.

Es ahí cuando nuevamente la figura del matchmaker cobra relevancia, porque no solamente queremos una ayuda que nos permita ahorrar en “costes de búsqueda”, sino también porque es bueno planificar, evaluar y ponderar las acciones en esta materia, asegurando así que son coherentes y no dañan a terceros involuntariamente. La asesoría estratégica en materia de búsqueda de pareja también es un rol que cumple el matchmaker, un rol no menor cuando en el juego del amor, las emociones, sentimientos y  expectativas  se entrecruzan una y otra vez.

Autor invitado: Cristian Gutiérrez Rojas, economista.

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