noviembre 2016

¿Por qué somos infieles?

En un post anterior mencioné brevemente a Esther Perel y os dije que os hablaría de ella más adelante y, como lo prometido es deuda y yo siempre cumplo con mis promesas, hoy os voy a hablar de su última e interesante charla para TED: Repensando la infidelidad… una charla para quien haya amado alguna vez.

¿Qué queremos decir realmente con “ser infiel”? ¿Una aventura, una relación virtual, pagar por sexo, “follamigo”, “sexting”, mirar porno, un masaje con final feliz, estar activo en webs de contacto, o el simplemente hecho de desear a otra persona?

Esther comienza redefiniendo el significado de la infidelidad para romper con los mitos sobre que los hombres engañan por aburrimiento y miedo a la intimidad mientras que las mujeres lo hacen para paliar un sentimiento de soledad en busca de esa misma intimidad.

La monogamia solía significar una persona para toda la vida pero ahora significa una persona a la vez, porque está demostrado que a lo largo de nuestra vida, mantendremos al menos 3 relaciones de pareja estable.

Lo cierto es que el adulterio existe desde que se inventó el matrimonio y también el tabú sobre él. Por tanto, la cuestión es ¿cómo reconciliamos algo que está universalmente prohibido y a su vez, universalmente practicado?

A lo largo de la historia, los hombres han tenido “licencia para engañar” con muy pocas consecuencias, e incluso han sido justificados por teorías biológicas y evolutivas, mientras que el adulterio femenino aún sigue siendo castigado con sentencia de muerte en 9 países en el mundo.

Por tanto, una buena definición de infidelidad consta de tres elementos claves:

  1. una relación secreta, que es la base de la infidelidad;
  2. una conexión emocional de un tipo u otro;
  3. y una alquimia sexual siendo ésta la parte más importante porque el escalofrío erótico que solo el pensamiento de dar un beso puede resultar tan estimulante y poderoso como el acto de hacer el amor pues como dijo Marcel Proust:
“es nuestra imaginación la que es responsable del amor, no la otra persona.”

Cuando antiguamente los matrimonios estaban basados en intereses socio-económicos, el adulterio ponía en peligro la estabilidad y seguridad económica de la pareja, mientras que desde que el matrimonio está basado en el amor, el adulterio pone en peligro nuestra estabilidad emocional. Irónicamente, antes se buscaba amor en el adulterio pero ahora, que buscamos amor en el matrimonio, el adulterio lo destruye pues es una violación de confianza y puesto que hoy en día es socialmente aceptable el abandonar una relación cuando se ha roto la confianza pues, paradójicamente, mientras antes estaba mal visto divorciarse sólo porque tu pareja te había sido infiel y lo manteníamos oculto, ahora lo está permanecer en una relación, o seguir amando a alguien que te ha sido infiel, porque ahora no nos divorciamos porque somos infelices, sino que nos divorciamos para ser más felices.

Y si ahora somos libres para entrar y salir de las relaciones en busca de la felicidad y sólo permanecemos en aquellas que nos hacen sentir “más” felices, ¿por qué sigue existiendo la infidelidad? ¿qué nos empuja a serle infiel a nuestra pareja cuando aparentemente lo tenemos todo con ella?

La mayoría de las personas que, en algún momento de su vida, son infieles a sus parejas, creen firmemente en la monogamia y les han sido files durante décadas. Pero llega un día en el que, de repente, se empiezan a cuestionar su “lealtad” hacia ellas en una encrucijada entre, seguir siéndolo o “echar una cana al aire” con la esperanza de que ello no perjudique a su relación de pareja estable, entonces ¿por qué dudan ahora en hacerlo aun siendo conscientes de que pueden perder todo aquello que construyeron a lo largo de tantos años?

Las aventuras son un acto de traición pero también un acto de lujuria y de amor. En lo más profundo de una aventura, normalmente encontramos el deseo, y el anhelo, de obtener una conexión emocional, una novedad, libertad, autonomía, intensidad sexual, el deseo de volver a encontrar una parte perdida de nosotros mismos, o por un intento de recuperar la vitalidad en contrapunto a una pérdida o tragedia.

En la mayoría de los casos, las aventuras en personas de mediana edad representan la adolescencia no vivida o, mejor aún, la búsqueda en la otra persona de algo en lo que nosotros mismos nos hemos convertido. No huimos de nuestro pareja sino que intentamos reconectar con nuestros “nuevo yo”.

Pero la razón más utilizada para justificar una aventura, no importa de qué nacionalidad, edad, razón o condición hablemos, es para “sentirse vivos” otra vez, porque las aventuras normalmente van después de la perdida de alguien cercano, o de alguna tragedia vivida lo cual hace preguntarnos: ¿es esto todo? ¿voy a seguir con esta vida otros 20 años más sin sentir esa pasión que nos trae un nuevo amor? Por consiguiente, podría decirse que el mayor causante de una aventura es la búsqueda de volver a vivir, a sentir algo que pensábamos quedó atrás, en realidad es un antídoto a la muerte. Y por ende, en contra del pensamiento común, las aventuras se tienen, no tanto por un deseo sexual sino más bien por el profundo anhelo de sentirse deseado, importante, atendido, etc. y el mero hecho de saber que no tienes a esa persona, y que no podrás tenerla, nos hace seguir deseándola convirtiéndose en una espiral de deseo porque el ser humano siempre quiere lo que no tiene.

Entonces, ¿cómo nos recuperamos después de una aventura? Algunas aventuras son simplemente el colofón final de algo que ya estaba completamente muerto pero otras se convierten en el motivo para tener una nueva oportunidad porque se dan cuenta de lo importante que es contar con esa persona tan cercana, que siempre han tenido al lado, de volverla a valorar y por eso la mayoría de las parejas que van a terapia después de una aventura siguen juntas porque fueron capaces de convertir una crisis en una oportunidad de volverse a reencontrar.

Pareciera que dentro del desorden que provoca una aventura, se forma un nuevo orden en el que ambas partes empiezan a hablar en profundidad después de pasar años sin hacerlo, de exponer sus deseos y sus anhelos a todos los niveles e incluso recuperar ese deseo sexual por su pareja que perdieron hace ya mucho tiempo.

Y ahora la pregunta difícil sería ¿son entonces las aventuras recomendables para reavivar una pareja o volver a valorar lo que ya tenemos? Desde mi punto de vista, no, en absoluto porque, cuando se es infiel se cruza una línea roja – la pérdida de confianza – la cual es muy difícil de recuperar, pero también soy consciente de que cada cual es cómo es y que no todas las aventuras surgen por los mismos motivos y tienen las mismas consecuencias.

Así que yo os diría que reflexionéis sobre vuestras relaciones, sobre por qué tenéis la tentación de serle infiel a vuestra pareja (o haberlo sido) porque la respuesta, seguramente, no esté en tu pareja sino en ti mismo.

Feliz domingo de noviembre, el primero con tiempo otoñal en Madrid,

V.

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Brujas: ciudad encantada

Brujas (Bélgica) para Alcanda Matchmaking Blog

 

 

 

 

 

 

Brujas, también conocida como la “Venecia del norte” por sus canales,  es el nombre con el que comúnmente conocemos en España a la coqueta ciudad belga de “Brugge”, que realmente significa puente en flamenco, el idioma oficial. Pero imagino que a algún iluminado se le ocurrió nombrarla “Brujas” por la similitud fonética que tiene en español.

Capital de la provincia de Flandes occidental, está situada en el extremo noroeste de Bélgica, a 90 kilómetros de su capital, Bruselas. Es una pequeña ciudad que cuenta con tan sólo 117.000 habitantes. Pareciera haber salido de un cuento de hadas, y es que la primera vez que la visité, pensé que me acababa de despertar de un sueño y trasladado por arte de magia a este encantador lugar.

Cierto que en España tenemos decenas de ciudades medievales ideales – muchas de ellas Patrimonio de la Humanidad – como Peratallada, Avila, Salamanca, etc. pero, sin lugar a dudas, Brujas es una de las ciudades europeas medievales mejor conservadas, tan perfecta con sus casistas,  plazas, puentes y canales, que pareciera un plató de cine, y seguramente por esto sirvió de telón de fondo para la espectacular película “Escondidos en Brujas”. Pero entre sus casas, palacios y plazas, se alza también una ciudad contemporánea que desarrolla sus negocios como cualquier otra ciudad europea.

Mundialmente conocido es su chocolate, al cual le han dedicado hasta un museo, el “Museo del Chocolate”, donde te explican su historia y evolución a lo largo de los siglos y hasta te muestran cómo elaboraban los bombones antiguamente. Resulta además gracioso el hecho de que, para ayudar a entender la historia del chocolate, además de los objetos típicos que se puede encontrar en cualquier museo, hay  una serie de maquetas realizadas con Clicks de Playmobil. Y digo yo, ¿qué tendrá que ver el chocolate con los Cliks de Playmobil? ¡Eureka! De ahí nació la idea de los huevos Kinder sorpresa…

La mejor forma de ver la ciudad es navegando en barquito por sus múltiples canales, mientras te cuentan por qué muchas casas tienen tapiadas algunas de sus ventanas (según parece, hubo un tiempo en el que se pagaban impuestos en base al número de ventanas que tuvieran las casas y por ello empezaron a tapiarlas).

Una curiosidad: si navegas por sus canales, seguramente verás un perrito asomado a la ventana de una de las casas medievales que los bordean pues, al parecer, el animalito se pasa el día entero ahí sentado, viendo pasar la vida desde la ventana, observando a la gente y, seguramente, preguntándose el por qué de ese vaivén de humanos. Y es que el perrito ya forma parte del paisaje de los canales de Brujas, hasta ha sido eternizado en la película que he mencionado antes, “Escondidos en Brujas”, en donde hay una escena en la que sale el perro, todo tranquilo, asomado a la misma ventana, en la misma postura y, seguramente, con el mismo pensamiento.

Pero para mí, lo más importante a resaltar de esta ciudad encantada, es que Brujas es especialmente romántica, por lo que no puedes dejar de visitarla con tu pareja. Es más, si yo fuera hombre, y con lo romántica empedernida que soy, no dudaría un segundo en pedirle la mano a mi amada durante ese paseo por los canales, con el perro de testigo, para que nunca olvidase que en uno de esos días en los que los turistas pasean en barquito por sus tranquilas aguas, se oyó el grito de una exaltada española, seguido de un gran chapuzón en el agua, pues, seguramente, me caería del barco de la ilusión (y de la sorpresa) al oír su petición.

¡Disfrutadla!

Autora: Verónica Alcanda

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