octubre 2016

La oferta del amor: teorías

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Hirschman y el extraño comportamiento de la oferta de amor

Para el pensador universalista Hirschman (1985), el amor comprende: moralidad, cumplimiento de normas, confianza y espíritu cívico. Insistió, en contra de la ortodoxia, que un orden social puede ser más seguro si está fundado en la benevolencia y en el amor. Argumentó que la oferta de amor no es fija y limitada, y, especialmente, que el amor no es un recurso sino una habilidad (similar a la del conocimiento o capital humano).

La virtud pública, y virtudes más elevadas como el amor y el altruismo, al menos en los especímenes humanos, están sujetas a la escasez. Hirschman mostró que tal tipo de comportamiento no se agota con el uso (como suele ocurrir con recursos físicos agotables) y tampoco se podría incrementar con su persistente utilización (como ocurre con las habilidades y el conocimiento mismo).

El amor y virtudes similares tienen un comportamiento complejo y compuesto: se suelen atrofiar cuando no son adecuadamente practicados y, por eso mismo, son propensos a desaparecer por la búsqueda de intereses de un mercado que se expande a todos los confines de la vida. No obstante, se pueden agotar cuando son practicados e invocados con exceso. En suma, según él, extremos viciosos como el capitalismo salvaje o la revolución cultural maoísta pueden marchitar el amor.

Elster o la oferta involuntaria de amor

Para Elster (1999), la pasión es, en parte, una motivación visceral, está fuera del control del individuo y/o del grupo e impulsa directamente a la acción. Las pasiones incluyen emociones (unas más crudas como el miedo y la rabia, otras con referentes cognitivos negativos como el resentimiento, el odio y la venganza, y positivos como el amor). Dentro de lo pasional también caben el hambre, la sed, el deseo sexual, los estados de dolor, los estados de intoxicación por consumo de drogas, el ansia misma por las drogas y la locura.

Elster ha sugerido que los seres humanos estamos motivados por razón, pasión e interés, e insiste en ubicar al amor dentro de las emociones. Las emociones, a diferencia de los factores puramente viscerales (dolor, placeres corporales, sed y hambre) tienen antecedentes cognitivos. Puede, por consiguiente, existir amor irracional cuando se persiste en amar a alguien o algo en abierta contradicción con nuestras creencias (conocimientos que indicarían que no vale la pena amar más).

Resalta que a veces el amor se origina en meras percepciones y no en creencias distantes de los errores. Añade que el amor en forma de ágape no obedece a algún antecedente cognitivo.

Tal autor insiste en ubicar al amor dentro de lo pasional, pues, como ocurre con otras emociones, el amor distorsiona los conocimientos y perturba cualquier cálculo frío y racional de costes y beneficios. Advierte que la química del amor es similar a la que causan las anfetaminas. Por ejemplo, el enamorarse genera alguna agudización de la conciencia, importantes incrementos de la energía, disminución del sueño y del hambre, y sensaciones de euforia. Y la química del amor suele durar semanas, meses y aun años.

El amor marital dista de una metalizada escogencia racional (escoger una pareja con ingreso igual o mayor al que uno devenga), implica preocupación por el destino de los seres queridos (cónyuge e hijos), pero no suele desembocar en una demencial e irreflexiva entrega total a quien se ama. Pero Elster no duda en agregar que las satisfacciones emotivas que a corto y largo plazo proporciona el amor son tan fundamentales que otras consideraciones materiales y racionales devienen asuntos secundarios.

La oferta condicional o interesada de amor

Adam Smith (1976) mostró que la simpatía es una capacidad inherente a los seres humanos, les permite instantáneamente identificarse con otros, aún corriendo el riego de descuidar el interés propio. Gracias a la imaginación nos podemos comparar con otros seres humanos y, por tanto, podemos ponernos en su lugar y sentir algo parecido a lo que pueden estar sintiendo (la llamada empatía). Este es el primer paso en la formación de juicios morales y en la socialización de los individuos. Pero el interés de la sociedad es muy vago y abstracto, por lo que los individuos simpatizan con otros individuos o con grupos pequeños próximos, pero no con toda la sociedad y esto se aplica también al amor.

Varios investigadores, economistas y sociólogos indagaron acerca de la cooperación motivada por sentimientos morales. Basado en evidencia experimental, y algún trabajo de campo, se muestra claramente que los individuos tienen preferencias sociales diversas. Afirman que los individuos sienten simpatía o antipatía por sus semejantes y, por tanto, sus escogencias económicas y no económicas presentan diversidad de matices, que se podrían ubicar entre los extremos de la malevolencia y la benevolencia. Mientras individuos con preferencias malévolas gozan con el malestar de sus semejantes, los sujetos con preferencias benévolas experimentan bienestar si su prójimo está bien. Entre los extremos podría concebirse un centro análogo a la neutralidad o indiferencia social: allí se ubicarían los individuos pendientes de su propio y estrecho autointerés. 

La oferta incondicional de amor, compromiso y altruismo

El profesor Sen (1977) hizo énfasis en que la simpatía consiste en una preocupación por otros, lo cual afecta directamente nuestro propio bienestar: por ejemplo, afirma que el saber que otros están siendo torturados enferma a quien experimenta simpatía. Y no duda en precisar que la simpatía puede ser una conducta egoísta, pues nuestro bienestar depende del bienestar de otros, y puede ser entendida como una externalidad.

Sen prefirió optar por el compromiso: la acción de ayudar o de confraternizarse, no la mera sensiblería. Aclara que existe compromiso cuando la persona actúa para poner freno a una injusticia. Tal conducta es no egoísta (implica un sacrificio, una actuación en contra del propio bienestar) y, en particular, es una metapreferencia ética. Sin embargo –insiste Sen– los compromisos no son universales, más bien están fragmentados en grupos como: familia, comunidad, gremio, empresa, partido, clase, país, etc.

Justamente, al estudiar la cooperación o solidaridad en causas colectivas o públicas, autores como Elster han mostrado la importancia de los individuos altruistas. Para este filósofo el mandamiento cristiano de amar al prójimo como a uno mismo es básicamente equivalente al imperativo (deber incondicional) de Kant: no tratar a las otras personas como medios para nuestros fines, tratarlos como quisiéramos que nos trataran a nosotros mismos.

Ejemplos, además, como el dado por Cristo son las entregas incondicionales de madres, redentores y héroes que lo dan todo, hasta la vida, para comenzar un proceso de acción colectiva. Y recoge el planteamiento del economista Schelling (1978), quien mostró que los procesos de cooperación (acción colectiva) comienzan gracias a unos cooperadores incondicionales: especies de santos o locos cuyas Economía política del amor Freddy Cante 55 estrategias dominantes son las de cooperar o ayudar al prójimo (aunque no sean correspondidos).

Otros estudiosos de la acción estratégica, como Dixit y Nalebuff (1991), han corroborado tal afirmación. Insisten en que sin deberes incondicionales o mandatos morales serían imposibles y más inestables muchos procesos de acción colectiva que, por lo mismo, no podrían comenzar o mantenerse por la racionalidad o por meras preferencias recíprocas. Y, justamente, contrastaron dos famosos pasajes de la Biblia: la fragilidad del Tit-For-Tat de Axelrod, e incluso de las preferencias sociales (parcialmente interesadas), equivale a lo plasmado en el Éxodo (21:22); allí se nos dice “[. . . ] ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, quemadura por quemadura, herida por herida, moretón por moretón”. Pero la fuerza de la cooperación unilateral e incondicional basada en deberes no negociables o imperativos se muestra en El nuevo testamento, en el pasaje de Mateo (5:38): “Habéis oído que se ha dicho, ’ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo, no os opongáis a una mala persona. Si alguien os golpea en la mejilla derecha, ofrecedle también la otra”.

Autor: Freddy Canté, Doctor en Ciencias Económicas. Profesor asociado de la Facultad de Ciencia Política y de Gobierno de la Universidad del Rosario.

Referencias (por orden alfabético):

– Dixit, A. y Nalebuff, B. (1991). Thinking Strategically, the Competitive Edge in Bussiness, Politics and everyday Life. Cambridge, Mass: M.I.T. Press

– Elster, J. (1999) The Alchemies of the Mind. Cambridge, Mass: Cambridge University Press.

– Hirschman, A. O. (1985). Against Parsimony: Three easy Ways of complicating some categories of economic discourse.

– Schelling, T. (1978). Micromotives and Macrobehavior. New York: W.W. Norton and Company.

– Sen, A. (1977). Rational Fools: A Critique of the Behavioural Foundations of Economic Theory. Philosophy and Public Affairs.

– Smith, A. (1976) 1759 The Theory of Moral Sentiments. Oxford University Press.

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You got to get up and try, try, try…

“Try” de Pink

Me encanta esta canción porque te dice con fuerza que, aunque nos pase algo malo, tenemos que volver a levantar e intentarlo porque… (como reza el estribillo de su canción), donde hay deseo va a haber una llama y donde hay una llama, te puedes quemar pero eso no significa que te vayas a morir, por lo que te tienes que volver a levantar e intentarlo de nuevo. Y esto es muy cierto, sobre todo en el Amor. Nunca guardes rencor, ante malas experiencia, pasa página, aprende de ellas y abre tu corazón para un nuevo Amor.

¡Feliz tarde de domingo, la última del invierno!

V. The matchmaker

Letra de la canción en su versión original:

Ever wonder about what he’s doing
How it all turned to lies
Sometimes I think that it’s better
To never ask why.

CHORUS:

Where there is desire
There is going to be a flame
Where there is a flame
Someone’s bound to get burned
But just because it burns
Doesn’t mean you’re going to die
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try

Funny how the heart can be deceiving
More than just a couple times
Why do we fall in love so easy?
Even when it’s not right

CHORUS:

Where there is desire
There is going to be a flame
Where there is a flame
Someone’s bound to get burned
But just because it burns
Doesn’t mean you’re going to die
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try

Ever worried that it might be ruined?
And does it make you wanna cry?
When you’re out there doing what you’re doing
Are you just getting by?
Tell me are you just getting by by by…

CHORUS:

Where there is desire
There is going to be a flame
Where there is a flame
Someone’s bound to get burned
But just because it burns
Doesn’t mean you’re going to die
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try
You got to get up and try and try and try

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Haiku de invierno 2016

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Posiblemente influenciado por el frío que nos visita estos días y dado la época en que estamos, os traigo una serie de “Haikus”, forma poética de origen japonés, que hacen referencia a la naturaleza, a la intemperie y sobre todo, como cabe esperar, el frío invierno.

Una vez más, reúno varios Haikus cortos porque me resulta muy difícil escoger solo uno sobre lo que los antiguos poetas del Japón escribían sobre el invierno.

 

Ruido

de cascada cayendo

en el mar en la noche

de invierno (Kyokusui)

 

La tormenta de invierno

se vierte en el ruido

del mar (Gonsui)

 

La ráfaga no quiere

que el chaparrón

llegue hasta el suelo (Kyorai)

 

Llueve y llueve,

hasta que los rastrojos

quedan negros (Bashô)

 

En los bambúes

entra la tarde,

entra la lluvia fría (Seisei)

Nota: Los haikus se escriben, según la tradición, en tres versos, de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente, sin rima. Suelen hacer referencia a escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana, y a menudo incluyen un Kigo (palabra o expresión que indique el día, estación o periodo del año al que se refiere el poema).

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La piel que habito

Foto La piel... para Alcanda Matchmaking Blog

“El problema español es la idea de que vivir es matar el tiempo del modo más placentero”. (Charles Murray)

Dudo que Murray describa exclusivamente un panorama español;  más bien una tendencia de la sociedad occidental, en la que el hedonismo se vive – y se persigue – como paradigma de plena felicidad.

Y cierto es que, a la larga, el hedonismo lleva a la insatisfacción porque, tal y como explica en sus escritos G. Deleuze, la alegría sin crecimiento, esto es, sin desarrollo de potencial, crea, con el tiempo, resentimiento; crecimiento y alegría son, ambas, condiciones inseparables para lograr la plenitud.

La búsqueda de la alegría como exclusivo correlato de la felicidad creará resentimiento porque cada cuerpo busca, en el fondo, ampliar su territorio mediante sus devenires, ampliar su potencia y, por ende, su particular y completa expresión vital.

Antonio Blay define “la plenitud” como fin último de la realización del ser humano y a cuyo puerto arriba cuando llega a encarnar completamente su particular potencial. Por lo tanto, la plenitud consiste en un viaje heroico de conquista de nuestra propia esencia cuyo brillo hemos ido oscureciendo a medida que avanzaba la construcción de nuestra personalidad.

La personalidad o carácter es el producto de la estrategia que ha desarrollado el niño en relación al ambiente para poder sobrevivir, construyendo una identidad superpuesta, conocida también como ego y que suplantará su verdadera esencia.

El carácter es, en definitiva, una fijación o distorsión cognitiva y una emoción recurrente o “pasión” que terminará por conformar un patrón caracterológico a través de respuestas mecánicas. El niño, en la medida que fue repitiendo estas respuestas aprendidas –para recibir el amor y la mirada de los padres o para protegerse de su falta- fue esculpiendo la piel que finalmente habita, expulsándose de su propio paraíso: su libre y auténtica expresión vital.

El carácter dibuja el núcleo del límite de la persona para la conquista de su plenitud. Acceder a las claves para superar estas fronteras requiere la definición de un modelo preciso -a modo de mapa- para conocer y, así, vencer los límites de la capacidad de expresión.

Carácter: Tipos

Para determinadas escuelas existen, en total, nueve tipos o expresiones que conforman una particular cosmovisión del mundo y, por ende, una forma de vivir el devenir y actuar en consecuencia:

1. El Perfeccionista o Reformador:

El tipo racional, idealista, de sólidos principios, determinado, controlado y perfeccionista.

“Compra” el amor de otros siendo perfecto. Le preocupa hacerlo todo bien. Piensa en términos de “debería”, “debo” y “tengo que” (deberíamos tener una relación perfecta, debemos tener un expediente intachable en el trabajo, etc.).

En su aspecto positivo, el compromiso con lo bueno guía hacia el progreso; como autodefensa, suelen sentirse moralmente superiores y no dejan de señalar los fallos ajenos.

2. El Altruista o Ayudador:

El tipo interpersonal, preocupado por los demás: generoso, demostrativo, complaciente y posesivo . “Compra” el amor de los demás ofreciendo ayuda. Representa el poder detrás del trono. En su aspecto positivo, esta entrega es altruista y generosa. Como autodefensa, da para conseguir algo a cambio.

3. El Ejecutante o Triunfador:

El tipo pragmático, orientado al éxito, adaptable, sobresaliente, ambicioso.

“Compra” el amor con logros y su imagen. Alto grado de eficiencia en el trabajo. Gran interés por la posición que ocupa. Deseo de ser el primero, de guiar, de ser visto En su aspecto positivo, la tendencia a ejecutar produce un liderazgo efectivo. Como autodefensa, la imagen se adapta continuamente (manipulación) para conseguir el éxito personal.

4. El Romántico o Individualista:

El tipo sensible, reservado, expresivo, dramático, ensimismado y temperamental.

Vive en la comparación continua viviendo el mundo como una “botella medio vacía”. En su aspecto positivo, la búsqueda de la pasión conduce a la profundización de los sentimientos. Como autodefensa, vive en una continua comparación y con mucho dolor al verse inferior (económico, social, atractivo, etc)

5. El Observador o Investigador:

El tipo cerebral, penetrante, perceptivo, innovador, reservado y aislado.

Distanciamiento del amor y de la emoción intensa. Les gustan los entornos de trabajo protegidos, la ausencia de interrupciones, el contacto limitado y los planes anunciados con anticipación. En su aspecto positivo, la postura distante deriva en un análisis confiable y claro. Como autodefensa, evita compulsivamente el contacto  con el distanciamiento.

6. El Soldado o Leal:

El tipo comprometido, orientado a la seguridad, encantador, responsable, nervioso y desconfiado.

Cuestionamiento del amor y de un futuro prometedor. Temor a ser traicionado. Leales en el amor, los soldados se vuelcan en sus íntimos para que les alienten. Por desconfiar de la autoridad cuestionan su trabajo. En su aspecto positivo, la mente cuestionadora produce claridad de propósito. Como autodefensa, la duda interior interfiere con el progreso.

7. El Epicúreo o Entusiasta:

El tipo activo, divertido, espontáneo, versátil, ambicioso y disperso.

Capacidad para amar y ser bien considerado. El amor y el trabajo deberían ser aventuras. Anhelo de llevar una vida fabulosa. Expresión de ideas, planificación, opciones sin límite. En su aspecto positivo, el punto de vista aventurero contagia entusiasmo. Como autodefensa, la atracción por el placer es una forma de escapar del dolor.

8. El Jefe o Desafiador:

El tipo poderoso, dominante, seguro de sí mismo, decidido, voluntarioso y retador.

Expresión del amor a través de la protección y el poder. Preferencia por la verdad que surge de una discusión. Defensa de los suyos. Al ascender a posiciones de control y autoridad, establecen las reglas en la vida amorosa y laboral. En su aspecto positivo, la postura de “hacerse cargo” crea líderes que utilizan sabiamente su poder. Como autodefensa, la mejor defensa en una buena ofensa.

9. El Mediador o Pacificador:

El tipo indolente, modesto, receptivo, tranquilizador, agradable y satisfecho.

Fusión y pérdida de límites. Aprobación compulsiva de los puntos de vista ajenos. Voluntad de ser neutral: “no he dicho que no, pero me parece que no estoy de acuerdo contigo”. Capacidad para relacionarse con todos los puntos de vista de una discusión, desatendiendo sus propios planes. En su aspecto positivo, el hábito de fundirse con los demás ofrece un apoyo genuino. Como autodefensa, adoptar puntos de vista ajenos lleva al “olvido de sí”.

Estas nueve expresiones describen “la  piel que habitamos” y que nos protege de las “adversidades” del mundo. Esta piel, carácter o ego, es, en esencia, expresión neurótica al obedecer a respuestas que yo no corresponden a un estímulo-peligro real. Actuando el carácter (re)vivimos, literalmente, el pasado.

Superar nuestro ego, significa madurar… significa superar las respuestas que el niño construyó para poder sobrevivir…superar los límites de nuestro carácter significa conquistar nuestra plenitud y pleno derecho de vida.

Y es aquí donde se inicia el viaje… el viaje del Héroe…el viaje del Guerrero… cuyas batallas siempre se libran en el interior de uno mismo.

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¿Cambia la tecnología el Amor?

Hoy una amiga me ha enviado la última charla de Helen Fisher para TED: Technology hasn’t changed love. Here’s why. Helen es una antropóloga americana que estudia la diferencia entre sexos y la evolución de las emociones humanas. También es asesora en match.com hace 11 años por lo que es conocida como una experta en relaciones amorosas.

Helen habla desde su experiencia analizando data que obtiene, bien de los millones de usuarios de match.com o bien de varios estudios que realiza año tras año en el mercado norteamericano.

Lo que no me esperaba es que al final de su interesantísima charla, la presentadora, que normalmente nunca sale en las charlas de TED, invitara a una de los asistentes a subir al escenario para dar su opinión sobre lo que Helen expone muy ordenada y metódicamente. Ella es Esther Perel, otra experta en las relaciones sentimentales pero desde un ángulo mucho más emocional y menos estadístico pues se basa en los conocimientos adquiridos en sus largos años de experiencia como psicoterapeuta.

A mí hace tiempo que Esther me cautivo en otra de las charlas de TED en 2013; “El secreto del deseo en una relación de largo plazo”. Cabe destacar que Esther Perel nació en Bélgica, sus padres fueron judíos supervivientes de los campos de concentración nazis, y el crecer entre “supervivientes” del holocausto le hizo plantearse la existencia de dos grupos de personas; aquellos que no murieron y aquellos que volvieron a la vida. De ahí su interés por estudiar el comportamiento y la forma de ver la vida de las personas desde un lado amoroso y sexual.

Pero no nos desviemos del título de este post (hablaré de Esther Perel en otro post), ¿han cambiado las tecnologías nuestro concepto del amor? Según Helen Fisher, no, y puntualiza, en absoluto!

Helen estudia el cerebro de las persona y cómo éste funciona desde una perspectiva amorosa. Sostiene que a lo largo de nuestra evolución, hemos desarrollado tres diferentes tipos de sistemas en nuestro cerebro para reproducirnos los cuales, junto con otras partes del cerebro, orquestan nuestra vida sexual y romántica en la vida familiar. Estos tres sistemas, que se encuentran en la parte más primitiva de nuestro cerebro y que han evolucionado a lo largo de más de 4.000 millones de años, son:

  1. Deseo sexual
  2. Amor romántico
  3. Unión cósmica a una pareja a largo plazo

 

Estos tres sistemas no cambian con la forma en la que podamos encontrar el amor, por lo que afirma que las webs de contactos no son “webs para ligar (dating sites) sino simplemente webs para conocer a alguien” porque las necesidades básicas para formar una pareja no se halla en ningún algoritmo matemático sino en nuestro propio cerebro y ninguna tecnología va a poder cambiar eso. Al igual que tampoco va a cambiar la forma en la que decidimos a quien vamos a amar.

Hasta aquí, nada nuevo ¿no? Pero lo que sí me ha resultado muy interesante son las conclusiones a las que llega a través de un estudio realizado en 40 países, con más de 14 millones de participantes, sobre la biología de la personalidad y por qué tipo de personas nos sentimos atraídos.

En su estudio habla de 4 tipos de estilos de pensar y comportarse, los cuales están directamente relacionados con la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos:

1º. Aquellos que están más inclinados a la dopamina, personas curiosas, creativas, espontáneas, energéticos, etc. se sienten más atraídos por personas exactamente como ellos; curiosas, creativas, espontáneas, energéticos, etc.

2º. Los más afectados por la serotonina tienden a ser tradicionales, conservadores, personas que siguen las reglas a rajatabla respetando la autoridad, religiosos, etc. y este grupo también se siente más atraído por personas como ellos.

En estos dos primeros casos, las similaridades se atraen. Sin embargo, en los otros dos grupos, los polos opuestos se atraen:

3º. Y 4º. Los que se centran más en la testoterona, suelen ser analíticos, lógicos, directos, decisivos, y suelen sentirse más atraídos por aquellos más altos en estrógenos, gente con buen don de gentes, intuitivos, cariñosos y expresivos emocionalmente.

Y aunque la tecnología no va a cambiar a quien elegimos amar, sí que marca una tendencia que cambia la forma de llegar a la persona amada, Helen lo llama la “paradoja de elección” pues hace millones de años, y tampoco hace tanto, no teníamos a nuestro alcance la oferta que tenemos ahora con las nuevas tecnologías. Pero esto tiene un riesgo pues, acorde a varios estudios, el cerebro puede albergar de 5 a 9 alternativas y cuando tiene más llega a lo que los académicos llaman “sobrecarga cognitiva” y terminamos por elegir ninguna y como resultado llegamos a lo que ella llama “slow love”.

El “slow love” es el resultado de del tiempo que nos tomamos para conocer a nuestra pareja “definitiva” pues queremos saberlo todo sobre ella antes de casarnos, o comprometernos. Según ella, esto es debido al miedo al divorcio y a sus terribles consecuencias ya sean de índole económico, moral o familiar, por lo que cada día alargamos más la fase de pre-compromiso. Como ella dice:

“antes el matrimonio era el comienzo de la relación de pareja, ahora es el final.”

Pero el cerebro siempre triunfa y, tarde o temprano, nos casamos o buscamos una relación estable a largo plazo. No en vano estudios realizados en los EE.UU. muestran que el 86% de los americanos se casarán a la edad de 49 años, e incluso en otras culturas en las que el matrimonio no es el final, el compromiso o la convivencia en pareja, llegará mucho más tarde.

Lo bueno de esto es que si tomamos más tiempo en conocer a nuestras parejas antes de decidirnos a establecer un compromiso con ellas, ya sea mediante el matrimonio, la pareja de hecho, o la convivencia, la buena noticia es que esas parejas serán mucho más felices que las de nuestros antepasados, porque que estuvieran juntos durante toda su vida, no significaba necesariamente que fueran felices… aunque Helen formuló una pregunta a los casados sobre si volverían a casarse con sus parejas actuales y el 85% dijo que sí lo cual se muy positivo.

Como conclusión Helen argumenta que no son las tecnologías, ni el “slow love”, lo que ha cambiado la forma de relacionarse, sino la entrada al mercado laboral de las mujeres en diferentes partes del mundo otorgándoles mayor poder social, económico e incluso sexual, lo que ha cambiado tradiciones de hace 10.000 años moviéndonos hacia relaciones igualitarias entre sexos pero termina afirmando que el Amor y las relaciones emocionales siempre prevalecerán y que no hay tecnología que cambie la necesidad del ser humano de amar.

Y yo, como la romántica empedernida que soy, no puedo estar más de acuerdo con su conclusión final.

¡Feliz primer domingo de octubre, con un cálido y soleado sol de verano aquí en Madrid!

V.

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