enero 25, 2015

Una vida demasiado corta…

LauRina Monch

 

 

 

 

 

 

 

Me acabo de enterar de que hace un par de días falleció mi querida Lauriña…

No tengo palabras para expresar lo mucho que me ha afectado el oír la noticia, y no puedo explicar con sentido, ni lógica alguna, lo injusta que puede ser la vida algunas veces porque Lauriña era demasiado joven para dejarnos.

En su treintena, y a pesar de su dura enfermedad, tenía la vitalidad de una adolescente, la alegría de un ser constantemente enamorado (aunque no tuviera pareja) y el coraje del mayor de los héroes de la historia.

Su historia, vista desde fuera, podría resultar dramática pero para aquellos que la conocíamos sabemos que era un ejemplo de POSITIVIDAD con un sentido de la vida y su razón de ser más cuerdo que he conocido nunca.

Parece que fuera ayer cuando, sentadas en una terraza de Malasaña, me contaba el romance que había tenido el fin de semana con un chico madrileño guapo, divertido pero sobre todo, diferente. Diferente porque cuando, llegado el momento, ella se quito el pañuelo de la cabeza descubriendo una cabellera reluciente y perfecta, él no solo no se “fue corriendo” sino que le dijo:

Eres aún más bella con tu cabeza desnuda.”

 

Y es que, en su cuerpo ya no quedaba ni un pelo, ni vello, sin embargo estaba más hermosa que nunca, porque la sonrisa siempre la llevaba puesta y su particular estilo la hacía extremadamente atractiva para todos cuantos tenían la suerte de conocerla.

Con su partida, hoy tengo lágrimas en los ojos, dolor en el corazón y un sentimiento de injusticia terrible pero sé lo que me diría ella si ahora estuviera a mi lado:

Vero, no llores, hay que vivir la vida cada día lo más intensamente posible porque en el momento más inesperado, se termina.”

Y como si de una premonición se tratara, así ha sido, demasiado pronto y demasiado rápido. Así que, en su honor, voy a hacer eso, voy a pensar en sus palabras cada día al acostarme, cuando le dé un beso de buenas noches, dando gracias por todo lo que la vida me ha dado, por mis amigos, mi familia y por la salud de todos, sin pensar demasiado en lo que me va a dar mañana porque, cuando nos preocupamos tanto del futuro, nos olvidamos de vivir el presente y esto es precisamente lo que Lauriña me enseñó cuando le diagnosticaron su enfermedad.

Gracias amiga mía por compartir conmigo momentos tan maravillosos en la oficina de Barcelona y luego en nuestros numerosos encuentros en Madrid. Gracias por ser como eras; un ejemplo de fortaleza y pasión por la vida que pocos “vivos” tienen.

Espero que allá donde te has ido sigas cuidando de todos nosotros, contagiándonos con esa sonrisa permanente tuya de inconmensurable AMOR, VITALIDAD, ALEGRÍA y PAZ INTERIOR.

La sonrisa de LauRina

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta siempre mi preciosa e inolvidable Laura… RIP.

Con todo el  amor del mundo,

Verónica

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