agosto 2014

¿De amor de verano a relación estable?

Love Sand para Alcanda Matchmaking Blog

 

 

 

 

Se aproxima el final de las vacaciones de verano y no he podido evitar pensar en los amores de verano que se forman durante este periodo pero que, generalmente, también se quedan sólo en eso. Pero, ¿qué pasa si cuando el clima empieza a enfriarse y las hojas caen? ¿Y si esa persona que tanto te ha llenado durante el verano pudiera convertirse en algo más?

La conversión de los amores de verano en relaciones estables no es fácil pues, en ese entorno de liberación, relajación o simplemente descanso, uno muestra lo mejor de sí mismo pero sobretodo está desando que sus “pocos” días de vacaciones sean maravillosos y por tanto, su actitud y predisposición son totales, armas suficientes para vivir una auténtica pasión. Pero volvemos a nuestra vida cotidiana, y esa actitud positiva y relajada se convierte en rutina y estrés, algo nada recomendable para formar una pareja.

¿Y si a la vuelta de vacaciones te das cuenta de que echas de menos a esa persona y deseas conocerla mejor? Para facilitar esa transición de la manera más natural y eficaz posible, te sugiero seguir cinco reglas de oro. Sí, lo sé, la gente que me conoce dice que yo soy mucho de reglas pero es que creo que funcionan, así que ahí van:

1ª.- Comunicación: la comunicación es la clave para cualquier relación y, por tanto, si se pretende iniciar una nueva, es aconsejable que le expreses a esa persona tu deseo de conocerla mejor y contrastar si el sentimiento es recíproco para averiguar a dónde os puede llevar ese conocimiento.

2ª.- Actitud: si durante las vacaciones estabas siempre positivo, contento y con ganas de pasarlo genial y ser feliz, no dejes que eso decaiga porque una actitud positiva es el primer ingrediente, básico e imprescindible, para la felicidad.

3ª.- Sinceridad: durante las vacaciones, al estar en un entorno totalmente diferente al habitual, solemos mostrar la mejor parte de nosotros mismos. Pero, si la idea es comenzar algo más duradero, es inevitable que, tarde o temprano, nuestra verdadera personalidad aflore. Por tanto, si hay algo realmente importante en tu vida que te preocupa, o que crees que es lo suficientemente importante como para compartirlo, es mejor que lo hagas lo antes posible para no crear falsas expectativas y posteriores decepciones.

4ª.- Expectativas: es importante que gestiones tus expectativas porque, lo que antes parecía ser un plan de vida maravilloso puede que, de vuelta a la realidad, no sea tan maravilloso o posible. Así que, se realista y gestiona tus expectativas y no pretendas que, al igual que tú, esa persona tan “perfecta y maravillosa” que conociste entre aguas, mojitos y puestas de sol, sea así 24/365.

5ª.- Trabajo duro: las relaciones son difíciles per se, y más las de pareja así que, prepárate a trabajar en ella, a esforzarte y a ponerte en los zapatos del otro.  Si antes era fácil satisfacer sus expectativas  porque, seguramente, eran muy similares a las tuyas, en tu vida cotidiana esto no ocurrirá por lo que tendrás que mirar, no solo por tu beneficio, sino también por el de la otra persona. De nuevo, aquí las tres primeras reglas (comunicación, actitud y sinceridad) son siempre una buena base para desempeñar este trabajo con buen resultado.

Y, si tras haberlo intentado no resulta como pensabas, o deseabas, y no se ha podido transformar en una relación estable, al menos te quedará una experiencia repleta de pasión, deseo, amor, pero sobretodo, un último intento por algo que podía haber sido maravilloso.

Y recuerda, si realmente te has sentido feliz durante todo el proceso, y te has dado cuenta que te gustaría mantener ese estado de felicidad, compañerismo, y amor mutuo, en Alcanda Matchmaking podemos ayudarte a encontrar esa persona especial que está a la vuelta de la esquina pero que no la encuentras por ti mismo porque simplemente no sabes en qué calle torcer.

¡Feliz regreso!

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Cuerpos desnudos y ojos cerrados

Cuerpos desnudos y ojos cerrados para Alcanda Matchmaking Blog

 

 

 

 

 

La contemplaba acodado sobre la almohada. Distraído, recreando la mirada en la sensualidad de sus imperfectas formas navegando las sabanas. Escuchando su placidez a ojos cerrados, con el pelo rubio revuelto y una mano levemente alzada sobre su oreja dejando ver los pechos y la piel blanca como la nieve.

Seguro que no era mi tipo de mujer, seguro que no la hubiera tenido en mis sueños de adolescente, no es la imagen que se presentaba en mi cabeza al cerrar los ojos, caderas anchas, nalgas generosas, piernas duras y abdomen blando, cuando me encerraba en el baño para masturbarme.

Sin embargo ahí estaba, a menos de cinco centímetros de mi cuerpo y provocando todavía en mí cierta excitación al recordar el suave balanceo de su cintura al ritmo de la música, tan sensual en la distancia, al otro lado de la barra, completamente distraída y ajena a mi mirada.

Labios finos, el último reducto que enjaula un torrente de sabias palabras ahora ligeramente entre abiertos para que la tranquilidad se desplace por ellos. Unos minutos antes se tiraban contra mi boca, ávidos, atrevidos, sinceros y entregados. Buscaban mi pecho y se divertían erizando mis pezones. Su cabeza poco por encima de ellos.

¿Qué hacía yo con una mujer así, tan alejada de los cánones de la belleza en mi cabeza?

Y sin embargo tan mágica y magnética.

En contra de la opinión del círculo de supuestos amigos, me acerqué a ella, atraído como por una fuerza telúrica bajo mis pies. Pecas, voz grave, copa en la mano, vestido de flores y sandalias, una chaqueta vaquera y sin maquillar. ¡INCREIBLE! Cualquiera que me viera.

-¿Has tardado mucho en venir, no? Me estaba empezando a plantear ir yo a ti, más que nada para ahorrarte un problema de vista a futuro. -Maroon 5 sonando de fondo, y esa mujer que en cualquier otro momento no hubiera obtenido mas que mi desdén, me miraba ahora a los ojos, resuelta, desde su atril de pupilas verdes- Al menos, me vas a decir tu nombre, ¿verdad?- me mata esta tía, de verdad, pensé-.

Ahora, mientras la miro y retiro la sabana un poco hacía atrás de forma delicada, para contemplar su cuerpo rechoncho, tenso los músculos de mis piernas y paso la mano izquierda por la suya. Suave, esa suave piel de naranja que se aferraba fuerte a mis caderas agitándose en movimientos ascendentes y descendentes, circulares y cadenciosos, sudando, agitada, mientras sus manos se apagaban alternativamente en mi vientre y se recogía el pelo con las manos al compás de unos más que desinhibidos jadeos, contrastando con mi capacidad para levar al orgasmo a un acto silente y contenido.

Puso sus dedos en mis labios, en el interior de mi boca, jugando con mi lengua, pidiendo que abandonara ese lugar de encierro voluntario y absurdo en el que me había instalado de manera absurda. Ese afán por conferir a un acto tan íntimo, el estatus de ejercicio físico impersonal coronado por la explosión de fluidos propia de algo insulso y sin sentido.

-Dímelo, háblame, saca lo que tienes dentro y deja de guardarlo ahí. Fluye conmigo.-Me ordenó de una manera dulce, acercando su boca a mis labios, cogiendo mi cara con sus manos, susurrando despacio con su aliento cálido cada una de las palabras como en una canción, segura de sí misma, resuelta y decidida como jamás me habían hablado antes. Y la besé, al tiempo que aceleraba su movimiento de nuevo sobre mí, y sonreía. Y yo con ella, incentivando que mis manos se agarraran con fuerza a esas nalgas poderosas que ahora me guiaban al éxtasis.

Al instante, me descubrí jadeando, apretándome contra su carne blanda y caliente, su sudor y mi sudor. Dos cuerpos transpirando sexo en una habitación de hotel, desconocida que había pasado a ser el mejor de los rincones del plantea.

No es una historia de exageraciones. No es una historia de eyaculaciones imposibles y posiciones propias de contorsionistas, de excesos musculares inapropiados. Es una historia de verdad, una en la que dos cuerpos se encuentran más allá de clichés y de etiquetas. Mas allá de cánones absurdos y prejuicios estúpidos, y más allá de lo que cada uno de los dos, seguramente, esperábamos. Porque no esperábamos nada.

Gira sus caderas ahora en mi dirección. Su cara queda frente a mi cara, y su pubis, de suave y ralo vello bien cuidado, al alcance de mi mano invitando a ser acariciado de nuevo. Y, solícito, así lo hago.

Sus ojos se abren al momento. Sonríe. El mundo se despliega de colores con esa sonrisa. Sonrío.

Su mano derecha acaricia el mentón coronado de incipiente barba hirsuta.

– ¿Te quedaste con ganas de más? – pregunta con sorna.

-¿Yo? Siempre -contesto descuidado, y con intención.

Me besa y anuda su mano derecha apartando la mía de su pubis.

-Seguro que sí, pero tendremos más días ¿no?. No lo vamos a estropear ahora, con lo que bien que nos ha quedado para no conocernos de nada. ¿Verdad?

-Cierto.

He atraído su cuerpo menudo contra mí. Hemos subido la sabana hasta los hombros y acurrucados en una sonrisa hemos decidido en ese momento, que lo mejor estaba aun por llegar, mientras cerrábamos, plácidos y satisfechos, los ojos.

 

Autor invitado: José Carlos Sánchez Montero

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